26 de diciembre de 2010

25 de diciembre de 2010

Amistad "cerril"

Un saludo a todos:
Quiero daros mi más profundo agradecimiento por ser parte de nuestro Cerro que tanto nos ha unido.
No soy hombre de Navidades. Pero no dejo de considerar que son parte de nuestra tradición, no más distintas que la fiesta de la C.A.M., por decirlo así.
Mañana, si es que me dan el relevo, quiero subir al Cerro por el lado más largo y bajar por las Canteras. No estoy nada bien físicamente. Pero lo haré a mi bola.
Iniciaré la cabalgada sobre las 8. Probablemente desde mi casa. Aunque depende...
Si alguien está interesado en acompañar a este espectro, pues me enviáis un correíllo.
Un gran abrazo,

24 de diciembre de 2010

Había una vieja costumbre...

Había una vieja costumbre en días como el de hoy en que varios amigos se calzaban las zapatillas, se ponían el gorro de papa Noel, agarraban un polvorón o un benjamín de cava y subían al depósito de Moral corriendo juntos para cantar un villancico compuesto para la ocaasión, zamparse las viandas y después de un sincero y fuerte abrazo retornar a casa.
Hoy he de reconocer que la vida y sus circunstancias han castrado aquel hábito.
Añoro aquella costumbre y siempre guardaré un emotivo recuerdo.
Hoy, aúnque en solitario intentaré reeditar parte de aquella costumbre y, no dudeis que os tendré muy presentes.

Esos giros de la vida

Hay veces en esta vida en que se tiene la ocasión de conocer a alguien grande en corazón y como PERSONA (así, en mayúsculas). Tengo pocos años para poder hacer estas aseveraciones, pero si los suficientes para darme cuenta de las cosas y hace poco más de año y medio que conocí personalmente a una de estas escasas maravillas de la tierra. Desconozco porqué, pero cuando conoces a una de estas personas te das cuenta de inmediato que es de las elegidas. No tiene razón científica alguna (os lo dice un racionalista que no cree si no ve), pero sientes que tiene esa bondad innata del elegido. El tiempo, si te permite seguir conociéndola más personalmente y en profundidad te va dando la razón y afianzando esa idea que preconcebiste en el primer encuentro, hasta que llega ese momento en que te sientes dichoso de conocer a un elegido, incluso un poco superior por ser alguien que tiene accesibilidad a él.

Esa grandeza, como no podía ser de otra forma, se muestra en las cosas más sencillas, en las cotidianas, sin grandes alardes ni fuegos artificiales que la enluzcan, pues brilla por sí misma. Incluso si no eres alguien curioso y observador será imposible que pase desapercibida, pues es inevitable sentir que en esa humildad también reside parte de su gloria.

Hoy he tenido una nueva ocasión de volver a vivir en un gesto esa plenitud que te da el compartir un rato con una de esas personas, pero he de reconocer que no he estado a la altura. Esta vez, por desgracia, la llamada que tendría que haber sido para desear una buena noche era diferente en su esencia, pues resultaba que iba acompañada de un "¿qué tal?" angustioso. Después de esa respuesta "tranquilizadora" de: "controlado de momento", ha surgido espontáneo el gesto de la excelencia, pues la siguiente frase que he escuchado ha sido: ¿y tu y la familia, qué tal todo? ¿bien?. Ese olvido de lo suyo por la preocupación del que no tiene problema, esa forma de no hablarte de su difícil situación preocupándose primero por ti es lo que me ha vuelto a recordar lo enorme que es la persona que estaba al otro lado del hilo telefónico. Decía que no he estado a la altura porque lo que debiera haber hecho es hablar un rato largo de lo superficial para así hacerle de alguna forma olvidar por un breve espacio de tiempo la realidad que está viviendo el que realmente lo está pasando mal y lo necesita. Sin embargo, un nudo ha atenazado mi garganta, el mismo nudo que ahora me hiere y brota de nuevo y he tenido que acortar la conversación y despedirme antes de lo debido, por no romper con voz desgarrada la serenidad de mi amigo. Tras colgar, un sentimiento de inmadurez me ha hecho sentir que no he estado a la altura de las circunstancias, pero ¿se llega en algún momento a aprender a afrontar estas situaciones?. Reconozco que no valgo para ellas, soy demasiado niño o sentimental, no lo sé.

Perdonad este tostón que en un principio pretendió ser un elogio y ha terminado siendo, una vez más, un párrafo egocentrista que hablaba de mí mismo.

Ppong, que pases una MUY FELIZ NOCHE CON LOS TUYOS, los que te quieren y son tu familia. Bébete cada minuto de esta noche con especial disfrute y sé dichoso, aunque sea por unas horas y mañana la bendita realidad nos vuelva a poner a todos en nuestro sitio. Un abrazo muy fuerte del que te quiere y estima.

20 de diciembre de 2010

Creo que todos nosotros alguna vez hemos tenido la sensación de confiar en alguien más que el propio interesado. De un tiempo a esta parte ese es el sentimiento (seguramente equivocado) que me está rondando. Como además siempre he sido una persona a la que no le gusta dejar las cosas a medias (otra cosa es que muchas veces no lo consiga), me produce una cierta desazón no poder ser yo mismo el que deshaga el maleficio por otro y concluya lo que nunca debió quedar inconcluso. Recuerdo una escena de una película, creo que era Aguirre o la cólera de Dios, aunque mi memoria siempre esquiva falla con bastante frecuencia, en la que en plena tormenta en un mar proceloso y con una verdadera batahola de truenos y resplandor de rayos, el conquistador en un navío, lejos del pánico que reinaba entre sus huestes, se subía a lo más alto del mástil para alentar a sus compañeros y a su propio ímpetu gritándo al Altísimo que le partiera con un rayo. Pues ni más ni menos es lo que yo pido: sin miedo al barro ni a los despistes y con la mirada al frente: a por el GTP.

14 de diciembre de 2010

Locos del Cerro en el podio

Hay veces en las que la realidad supera claramente a la ficción, resulta difícil explicar lo que para uno es inexplicable, sobre todo cuando no se le quiere dar más importancia de la que tiene, o sea, ninguna. En espera de que las palabras puedan surgir os dejo el vídeo... ¡no tiene precio!

13 de diciembre de 2010

Un sueño...

 Creo que todos soñamos algún día con llegar el primero a la meta , con recorrer esos últimos metros sintiendo que por un momento eres el protagonista final de la carrera, pero la realidad es la que es y se supone que es algo que nunca va a ocurrir.

 Desde que empecé a correr lo hice por diversión, poco a poco te das cuenta de que acudir a carreras le da un poco de motivación emoción a este deporte, haciendo más sencillo salir a correr en las frías mañanas de invierno o las calurosas tardes veraniegas. 

 El reto siempre fue terminar, recuerdo mi primera media maratón en Ávila, pensando en las dos horas y media que tenía para llegar dentro del plazo. Más adelante, y ya de forma un poco inconsciente empiezas a pensar en las marcas, bajar de x o hacer menos de y, pero siempre luchando contra uno mismo.

 Pero el sábado una alineación de planetas hizo que por un momento sintiera lo que es ser el primero en una carrera, por primera tuve que pensar en como correr con respecto a los demás... ¿tiro con fuerza para dejarles atrás? ¿reservo lo que pueda y tiro más tarde?... es curioso sentir algo distinto después de tantas carreras. 

 Al final ese sueño imposible se cumplió... todavía no me lo creo.

 Pero nada termina aquí, no haré caso a mi hermana, la cual me pide que me retire en lo más alto, jeje. Hoy he vuelto a salir a correr con las mismas metas que antes, divertirme, relajarme, disfrutar del frío y el calor, de los caminos y las sendas, de futuras carreras en las que el objetivo será de nuevo terminar.

29 de noviembre de 2010

Tu eres el mejor

Alguna que otra vez vivimos momentos que se pueden considerar mágicos, hace unos días el MP3, siempre en aleatorio, me ofreció esta canción mientras corría por la senda de los cazadores.
Esperemos que el mejor, a ese que tanto echamos de menos, vuelva a unirse a nuestros pasos y no deje que Fernan se aburra los viernes... ¡Ayer fue un gran día!

26 de noviembre de 2010

Asics y Trnd

Hace unos días, ElhermanodAlex nos dio a conocer una iniciativa muy chula realizada por Asics y Trnd (ya me diréis como se pronuncia esto). Más o menos se trata de dar unas zapatillas a 200 corredores de trail para que las prueben y las den a conocer entre sus allegados, utilizando tanto el boca a boca como los foros o blogs de internet.

Como todos podéis imaginar, la primera reacción es de incredulidad pero por una alineación especial de las estrellas y planetas o algo similar, decidí inscribirme. Ya estaba todo olvidado cuando recibí un correo muy especial, había sido elegido para el proyecto y en pocos días las zapatillas llegarían a casa. ¡Qué alegría!, no todos los días me regalan unas zapatillas de montaña.

Han llegado además mucho más rápido de lo esperado, ya están es casa, y habrá que probarlas... jeje, la verdad es que ya lo he hecho pero no tengo tiempo ahora para contaros esa primera salida y sus sensaciones, lo dejo para dentro de un rato.

Las primeras sensaciones fueron negativas, para un tío clásico como yo, las "Asics Gel Fuji" resultan más feas que pegar a un padre, por otro lado, a mi hijo el pequeño le parecieron las zapatillas más bonitas del mundo, resultado de que a su edad todavía vive en ese país multicolor que todos envidiamos. Otro problema a bote pronto fue verlas pequeñas, estoy acostumbrado, tal vez por mi pasado de montañero caminante, a zapatillas grandes y fuertes, y la sensación que me transmiten mis nuevas Fuji es de ligereza. ¡Són más pequeñas que las que uso normalmente para carretera!

No obstante, no todo fue malo al verlas, me gustan mucho los tacos de la suela, a pesar de su ligereza parece ser que van a tener un buen agarre... ¡qué ganas de probarlas!

25 de noviembre de 2010

Cirrus interruptus

Llevaba ya meses queriendo subir y por unas cosas o por otras no podía. La luz se va rápido a estas alturas del año y por el cortafuegos el trotar se complica. Pero...

Hoy me he decidido y he subido hasta donde el amigo Cerro me ha dejado. En un momento dado me ha avisado que se iba a dormir y apagaba la luz. Yo no le he molestado más y, sin llegar a la cumbre, me he vuelto. Le agradezco su aviso porque hasta con el mismo frontal no veía ni escupir, como se suele decir.

Ha sido muy chula la bajada. Me he despistado y un mundo de sombras se me ha echado encima.

Os dejo el testimonio de una subida y bajada errática e interrumpida a nuestro gran Cerro.

Un abrazo a todos,

http://connect.garmin.com/activity/57894358

23 de noviembre de 2010

De nuevo la doble A

Este viernes tuve la oportunidad de ver un bonito circulo. Alguien regala un preciado objeto a un amigo vasco como señal de agradecimiento. Otra persona que se entera y sabe lo mucho que ha sacrificado con este gesto, le regala a su vez su propia y preciada camiseta (porque de eso se trataba). Y de este modo, se completa un bello redondel de amistad y compañerismo.
Y uno que permanece ajeno a esta maravillosa circunferencia fraternal pero que sabe que milagrosa energía la mueve, recibe, como si de los propios protagonistas se tratara, una profunda punzada de satisfacción.
Gracias a los dos por tan bello gesto.

16 de noviembre de 2010

El inicio de una historia.

Estoy convencido de que dentro de muchos años se seguirán comentando las correrias de un grupo de locos por esos montes de Dios y particularmente por nuestro querido Cerro del Telégrafo.
Como en todo hubo un inicio. Una agrupación de personas y, alguién un día tuvo la feliz idea de plasmarlo materialmente, en este caso en una preciosa camiseta de la que os dejo unas imagenes (en meta tras mi primera participación en Zegama y el 9º MAM con meta en el Puerto).

Hoy, con la perspectiva del tiempo no puedo dejar de constatar que aquello fue el embrión de la DobleA que me acompaña. Apenas hace unas semanas, aunque en distinto color, sorprendentemente ese mismo espíritu, volvió a materializarse en textil. Y no puedo ignorarlo, por encima de cualquier avatar.
Por cierto, la camiseta ya no la conservo, hoy es un recuerdo en manos de un gran amigo de aquellas tierras vascas.

15 de noviembre de 2010

Unos auténticos desconocidos

Hace cuestión de dos años que entré en esto del mundo del correr. Como muchos sabéis, mi hermano me picó lo suficiente para que germinara un pequeño gusanillo que fue alimentado ya no sólo por él, sino por un amigo atleta que me aconsejaba, preguntaba e incitaba a correr alguna carrerilla con él. Durante estos dos años, dentro del ámbito atlético, han ocurrido una infinidad de cosas, que como casi siempre en todo lo que a esta vida concierne, jamás se podrían haber imaginado con antelación. Ejemplo de ello es pensar en que al principio salía corriendo desde el comienzo del parque de Romacalderas dirección campillo y al llegar a la casa de las cigüeñas daba media vuelta y me volvía andando, porque la vida no me daba para más. Sin embargo, poquito a poco, casi sin escuchar la voz de la razón que me recomendaba prudencia, dos años más tarde me marco un ultra trail de tela marinera. Tranquilos, que no voy a ahondar más en la G2h, que bastante la hemos exprimido ya, sino que siguiendo con el hábito de la reflexión, me he dado cuenta de algo que también está bastante trillado, pero que no por ello deja de ser, cuanto menos, interesante. En concreto me estoy refiriendo al hecho de lo que significa para muchos de nosotros el calzarnos unas zapatillas y lanzarnos a correr, siendo en esencia unos individuos totalmente anónimos. No os preocupéis, que tampoco voy a escribir un ensayo sociológico y ya casi termino. En definitiva, lo que vengo a decir y que me ha vuelto a la cabeza de nuevo tras la participación en el maratón de Zaragoza el pasado domingo de tres de nosotros, es que cada uno a su manera, dedicamos un esfuerzo y una parte de nuestras vidas enorme a realizar proezas ¿injustamente? ignoradas por la mayoría del mundo, convirtiéndonos (y perdonad la falta de modestia) en héroes anónimos. Cada batalla ganada en esto del correr nos ha supuesto en la mayoría de los casos lo mínimo para autoproclamarnos héroes. Sin embargo, esta heroicidad no beneficia sino que a nosotros mismos, lo que la aboca a ser algo anónimo.

¿Será este anonimato lo que realmente nos gusta del deporte qué practicamos?
¿Será éste el motivo de ser corredores populares y no querer dedicarnos profesionalmente?

Seguramente no, pero también tendrá algo que ver. Por mi parte, por lo menos, es lo que más me agrada del atletismo, que conseguimos algo que poca gente sabe lo que realmente supone y sin embargo podemos continuar con nuestra anónima vida personal un día tras otro. Creo que me mientras sigamos en este anonimato podremos seguir beneficiándonos de las carreras populares y del hecho de correr por correr, aunque cada día se nos va a plantear más difícil la primera parte, pues está empezando a ser un negocio bastante rentable en algunos casos. Una verdadera lástima (os lo dice alguien que el domingo correrá una nueva invención “Merengues” contra “Atléticos”).

7 de noviembre de 2010

De vuelta de Zaragoza. Contento sin tirar cohetes

No sé si contar una crónica que empieza en julio cuando pensé en un maratón para estas fechas, luego se perfiló que podría ser en Zaragoza o en Oporto, para terminar finalmente hoy. Sería una crónica demasiado larga, con los entrenamientos del verano iba a parecer una crónica de viajes. Vaya año, por cierto.

Mejor voy a empezar por el sábado a mediodía en Zaragoza. Recogida de dorsal en la feria del corredor en el mismo hotel donde nos alojábamos. Fenomenal el hotel de la organización, la salida y la meta de la carrera estaban más cerca de mi habitación que del guardarropa de la carrera. El que vaya otro año, que no lo dude: céntrico, cómodo, cercano a la salida-meta, barato, límpio, recién reformado, buen desayuno, …

Para comer nos dimos un pequeño homenaje en el Bodegón del Azogue. Comimos con el gran Ppong, todo un referente para mí. Tarde de paseo y tiendas, socorro! Cena en un italiano cercano al hotel, muy rico.

Mañana del domingo, zona de salida. Comparto la espera con Jesus270670 y con Ppong. Antes de darnos cuenta, la salida.

Nublado, fresquete, sin viento, buen día para correr. Despacio, Pepe, despacio, no te emociones, km 10 en 49’37”, zona muy céntrica, empiezan a salir los km un poco más rápido, pero yo sigo sujetándome, la cabeza fría, muy fría. Km 20 en 1h38’00” y la media en 1h42’57”. Voy bien, me encuentro cómodo, pero ha empezado a soplar un viento fuerte en una zona totalmente despejada de edificios que se hace muy molesto. Me encuentro tirando de un grupo de más de 30 corredores y no me da un relevo absolutamente nadie. Pido algo de colaboración y sólo me ayuda un chaval de un pueblo de Zaragoza, entre los dos, nos chupamos todo el viento hasta el km 28 a base de relevos de unos 500 m.

Sin emociones ni aspavientos, decido jugar a ganar, ya vendrá luego el del mazo a bajarme los humos, pero ¿y si no viene hoy el tío del mazo? Todos los km están cayendo entre 4’40” y 4´45”, el recorrido por aquí es feo con avaricia, voy por la zona de la Expo con relleno de km. Se va por una calle y se vuelve por la siguiente, un rollo. Me desoriento y ya no sé ni en dónde estoy ni para dónde hay que ir. A pesar de todo, km 30 en 2h24’57”.

El agua del 30 me sentó fatal. Tos, parada a andar de un minuto, me recompongo y otra vez al asunto. Empiezo a hacer cuentas, quedan 12 km, si los hago a 5’, termino en 3h26’, paso unos km malos, sujetándome como puedo, y en el km 34 se me monta el muslo izquierdo, me duelen las rodillas, cuando paso por el 35 ya van 2h53’06”, me he dejado tres minutos en este tramo. La cabeza empieza a hacer cuentas de 3h30’, pero me cuesta mantener el ritmo de 5:00. Me pasa el globo de 3:30, me engancho a ellos un par de km, pero me descuelgo en otro pinchazo por el km 38. El 40 en 3:20:45, se me escapa el 3:30. Trotecillo hasta meta. 3:33:51

5 de noviembre de 2010

Una nueva posibilidad.

Creo que se abre ante nosotros una nueva posibilidad de disfrutar de la Doble A:
http://www.la-almenara.com/content/view/2483/214/
Aquí lo dejo para que le demos algunas vueltas.....:

Proyecto de Asics: Trail Running

Hola amigos,

aunque esto puede jugar en mi contra, porque estoy seguro que muchos de vosotros presentará su candidatura y podrá "arrebatarme" un par de estupendas zapatillas de trail Asics, no puedo guardármelo para mi solo. Acceded a esta página http://asics-trail-running.trnd.es/info-del-proyecto/ y leed en qué consiste el proyecto y acto seguido inscribiros en él, a ver si alguno tenemos suerte.

28 de octubre de 2010

En un futuro muy lejano...

 Acabo de terminar de leer "De que hablo cuando hablo de correr", de Murakami. Ha sido una lectura a ratos, aprovechando momentos en los cuales no había mucho que hacer y, por tanto, es posible que no le haya prestado toda la atención que merece.


 No es un gran libro, parece hecho de retales inconexos, una especie de blog que no resulta interesante desde el punto de vista literario, pero desde el punto de vista de un corredor se puede aprovechar para sacar un par de conclusiones que hacen que no haya sido una completa pérdida de tiempo el haberle dedicado unas pocas horas.


 La primera conclusión es la reafirmación de que los corredores tenemos nuestro propio mundo, o tal vez queremos verlo así. Es increíble la cantidad de pensamientos similares que se pueden encontrar entre un novelista japonés de éxito y un humilde enfermero de pueblo. A la hora de calzarnos las zapatillas, en el Cerro o en Japón, las motivaciones, las sensaciones, el sufrimiento y la alegría... son prácticamente iguales.


 Por otro lado la importancia del paso del tiempo, el saber envejecer aceptando nuestras limitaciones es otra buena enseñanza. Adecuar los objetivos a lo largo del tiempo dará longevidad a nuestra vida deportiva.


 Por último, la importancia de plasmar por escrito aquello que vamos viviendo, lejos de la calidad literaria, las visitas y los comentarios, el verdadero fin es el poder revivir estas aventuras en un futuro lo más lejano posible... recordar detalles que nos lleven a la sonrisa, pinceladas que tal vez nos devuelvan la felicidad...


 Y para finalizar, un par de frases recogidas de sus páginas:


 El simple hecho de correr, asegurándome con ello un tiempo de silencio solo para mi, se convirtió en un hábito decisivo para mi salud mental.


 Lo que de verás me dolía, mucho más que el frío, eran mi orgullo herido y mi lamentable imagen caminando penosamente por el trazado del maratón.


 No existe en ninguna parte del mundo real nada tan bello como las fantasías que alberga quien ha perdido la cordura.

8 de octubre de 2010

Acompañando en la Madrid-Segovia

Visto que no me fue posible participar en los 100 kilómetros Madrid-Segovia decidí volver al plan inicial: por lo menos, acompañaría un rato a los compis del cerro.
Tenía pensado hacerlo a última hora de la tarde pero, cuando vi que Mavegam iba a llegar a nuestra zona tuve que salir disparado. Acababa de comer y lo que menos me apetecía era ponerme a trotar. Para empeorar las cosas hacía un calor excesivo.
Dejé el coche en un lugar estratégico y con mis pocas ganas fui en busca de Mikel. Lo encontré (calculo) al poco de salir de Matalpino en compañía de Arturo, un corredor mayor y fibroso. No me di cuenta de que Mikel iba mal hasta que llevábamos un rato trotiandando. Así como Arturo comentaba todo lo posible y más (no dejamos de ‘rajar’ por turnos), me extrañaba mucho el constante silencio de Mikel. Una cosa era la dificultad para terciar en el ‘rifirrafe’ verbal que manteníamos los dos ‘abuelos’ y otra muy distinta era la excesiva concentración que llevaba.
Al final confesó sus problemas estomacales que, sin duda, iban a más con el tiempo. Así nos fuimos acercando hasta el control de La Barranca donde su mala cara decía mucho de lo que estaba pasando su cuerpo. Tras ayudar a un corredor con una bajada de tensión fuerte (tenía la gorra literalmente blanca de la sal del sudor) llevándole a una sombra para que descansara, llegamos en poco tiempo al avituallamiento donde Mikel evacuó en pequeñas dosis, todo su estómago. Y es en esos momentos ( y no en las distancias cortas, como decía el anuncio) donde uno se la juega. Tras un breve descanso y sin haber tenido oportunidad de asimilar lo pasado, Mikel me comenta que deja la carrera. Es lógico actuar así porque la naturaleza es sabia y aconseja lo más adecuado para el cuerpo. Es en ese momento cuando le persuadí de que tenía tiempo de sobra para intentar recuperarse puesto que abandonar siempre podría hacerlo más tarde. Me alegro de haberlo convencido porque tenía muy mala cara. Le batí un poco de Coca-cola, comió un poco de mi barrita de mango, volvió a la Coca-cola y así poco a poco recuperó el ánimo a tal velocidad que ya quería irse sin ver cómo reaccionaba su estómago con el alimento. Me di cuenta de lo bien que se había recuperado al verle comerse con prurito un bollito que para mí lo hubiera querido. El resto ya lo ha contado él, ambos llegamos hasta la Fonda Real con el convencimiento pleno de que Mikel había superado la prueba. Si hubiera tenido la más mínima duda de que iba a flojear ya tenía pensado acompañarle hasta Cercedilla para interponerme entre él y su padre que estaría allí animándolo, como siempre, a que lo dejara. No sé cómo describiros la alegría que llevé de vuelta a La Barranca sabiendo que para Mikel había llegado el momento de desquitarse del puñetero Goierri y figurándome todo lo que pasaría por su cabeza cuando estuviese ya cerca de Segovia saboreando su triunfo. También me acordé de Josema y me veía logrando con él su próximo ultratrail. A veces la imaginación nos proporciona tanta alegría o más que la propia realidad, muchas veces amarga.
El gozo me duró poco porque me encontré a un Víctor literalmente hundido. Me faltó poco para decirle que lo dejara, tan mal era la pinta que llevaba. Con movimientos demasiado ostensibles, sin duda debidos a sus problemas musculares, y una cara que dejaba traslucir, demasiado a las claras, su sufrimiento. Lo dejé rápido y seguí buscando al resto de los ‘locos’. Los encontré casi a la misma altura a la que había coincidido con Mikel y tampoco el panorama era bueno: ya iban con un cierto atraso (si surgía algún imprevisto) agravado por los problemas de ampollas. No trotaban en ningún momento lo que suponía problemas musculares a la larga pues quedaba mucha distancia. Los únicos que me parecieron ir bien fueron Chema y, sobre todo, Carlos, que fue al que mejor vi. Los acompañé hasta el coche, pues no llevaba frontal y la noche se nos venía encima, para despedirme de ellos y de un maravilloso día de Doble A.

7 de octubre de 2010

Madrid-Segovia... ¡Finisher!

Estaba eufórico, llegué tan rápido y tan bien que mis niños no estaban todavía en el polideportivo, así que aproveché para comerme unos macarrones con ajo y beber un poco de Coca-Cola (creo que olvidaré las isotónicas para estas carreras). Enseguida llegaron, ver su cara me tranquilizó, solo Alejandro quería que me retirara porque no me había visto en todo el día, el resto, tanto esposa como padres, no dijeron nada, lo que aumentó mis fuerzas.

Aproveché para cambiarme los calcetines, coger ropa de abrigo, preparar el frontal, los reflectantes y como no, echar al cuello el amuleto mágico, ese buff del MAM que con tanto cariño recibí hace unos meses. No descansé mucho, tal vez fue otro error pero quería hacer con luz todo el camino posible, besos a la familia y a trotar, seguía con fuerzas e iba solo, no había visto salir a nadie desde hacía un buen rato así que tenía que espabilar si quería coger a alguien y no subir solo hasta el puerto.

Tras dos kilómetros de trote disfrutón, viendo como me miraban con caras de extrañeza desde las terrazas de Cercedilla, entrando ya en las Dehesas, encontré un par de corredores a los que unirme… ¡sorpresa! De nuevo Arturo, su cara de alegría al verme denotó que pensaba que me había retirado en la Barranca.

Poco a poco se nos hizo de noche y bajó la temperatura, se agotaron las fuerzas para trotar cuesta arriba, pero subíamos a un muy buen ritmo que se encargaba Arturo de marcar, el frío empezaba a hacer mella cuando llegamos al avituallamiento de la calzada romana, allí me abrigué para continuar con la ascensión. Una ascensión larga y tendida, sin descansos, durante la cual adelantamos a algunos corredores.

Tras dos horas llegamos al Puerto de la Fuenfría, descanso, dos calditos y tras ponerme algo más de ropa, nos lanzamos en post de una meta que intuíamos cercana. Ahora me tocaba a mí marcar ritmos, al poco de empezar una llamada me llena de pena, es Victor, me dice que no puede más y lo deja, cuelgo sintiéndome en parte culpable por ello pero no es momento de pensar en cosas negativas, aprieto el paso y me pongo a trotar.

Aquí nos engañaron, los voluntarios, los deseos, nosotros mismos… los 20 kilómetros que quedaban al llegar al puerto se convirtieron en 26, el avituallamiento que estaba ahí mismo pasó a estar a 14 largos kilómetros, kilómetros que se hicieron muy duros, empezamos a andar incluso cuesta abajo, los llanos pesaban en las piernas y parecía que Segovia cada vez estaba más lejos. Recibo la última llamada de Prisillas tras hablar con mi hermana, me dolió enterarme de que los demás se iban a retirar al llegar a Cercedilla. Con todos pendientes de lo que está ocurriendo… ¡no puedo fallar ahora!

Y no lo iba a hacer, fueron unos kilómetros complicados, bastante feos, con un par de kilómetros divertidos en cuanto al terreno, pero casi todos de pistas llenas de arena y polvo, al andar mucho se hicieron muy largos, estaba cansado y quería llegar… en ese momento fue cuando pensé que ya lo había conseguido, pero que era la primera y la última vez que lo hacía.

Entrando en Segovia iba pensando en sentarme un rato en algún banco, más que por cansancio porque quería entrar solo, no quería ponerme a tirar como un loco para dejar a mis compañeros atrás y no había forma de convencerles de no entrar juntos, les intenté convencer de que iba muy cansado, de que siguieran ellos, pero no me dejaron.

Hacer los últimos metros en dirección contraria a la media maratón es un placer, llegar a la rotonda del Pastor y ver que hay que bajar en lugar de subir no tiene precio, el caminar se hace trote, los metros pasan, la meta se acerca… ¡se terminó!

A 100 metros de la meta me encuentro con mi padre, tiene esa cara que solo puede poner un padre, orgulloso y preocupado a la vez, le doy un abrazo y sigo… ¡Sorpresón! Mi madre está en meta con la misma cara, lo he conseguido, según me agacho al llegar para respirar un poco tras el “sprint” me veo con una medalla colgada al cuello, abrazo a mi madre, después a mi padre, me siento bien, fuerte, feliz. ¡Lo conseguí!

Como no, después de llegar tuve mi mareo correspondiente, tengo que arreglar lo de mis bajones de tensión post-carrera. Al coche, a casa, a la cama, un poco de Camboya (si me hubieran dejado), y a dormir, intentando soñar con la próxima.


Madrid-Segovia... Cercedilla

¡Tú estás tonto! Túmbate ahí un rato que tienes tiempo de sobra, te bato una Coca-Cola, descansa unos minutos, come un poco…

Como la mejor de las enfermeras, y casi como solo una madre puede hacerlo, el Sr. Fernando cuidó de mí, tan bien lo hizo que a los cinco minutos incluso tuvo que frenarme y hacerme descansar un poco más. La barra de mango ( ¡cállate Luis! ), un pastelito, más coca-cola… vomitar me sentó de maravilla y los posteriores cuidados me dejaron como nuevo.

Arturo se había ido hacía unos minutos por lo que me quedé solo con Fernan, nada más salir un nuevo susto, un pinchazo en el soleo aumentado por el hecho de que vi como se contraía… no dije nada y seguí adelante con mucho cuidado, pensando en cada pisada. Poco a poco todo volvió a su sitio y, pasando junto al antiguo hospital, con los fantasmas de una retirada alejándose, volvimos a trotar.

Poco duró la bajada, llegando al puesto de los bomberos nos metemos de nuevo cuesta arriba por una pista forestal, unos coches nos dificultan el paso, allí adelantamos por última vez a la mujer de Toby, que había quedado lesionado a la entrada de Manzanares. Subimos a buen ritmo, me siento completamente recuperado y empiezo a pensar en la tontería que pude haber hecho al retirarme. Casi sin tiempo a nada llegamos a la Fonda Real, ya es todo cuesta abajo y con buen firme, un poco más adelante Fernando decide volverse, la preocupación que veía en sus ojos ha ido desapareciendo, ahora veo confianza en ellos. Por primera vez, sin duda alguna, me veo entrando en Segovia.

El resto del camino hasta Cercedilla fue increíble, fueron tres o cuatro kilómetros en los que no dejé de trotar, incluso corriendo en algunos momentos, llegué con una sonrisa de oreja a oreja, mi familia me esperaba… fue sin duda el momento más emocionante de toda la carrera.

Madrid-Segovia... Abandono

  Grande como muy pocos, caído del cielo que diría una abuelilla mientras está sentada a la puerta de su casa, por mucho que lo pienso no se me ocurre un momento mejor para verle. Porque intentaba disimular, cosa que creo no conseguí del todo, pero iba bastante fastidiado, además, sabía que los kilómetros hasta Navacerrada eran de todo menos sencillos, con calor y entre jaras, con mucho polvo que se metía en la boca y no dejaba respirar bien, sin poder beber por los problemas digestivos…

 Por otro lado, las piernas no iban mal, algo cargadas, lo que es normal con casi 60 kilómetros a cuestas, pero sin dolores de ningún tipo. Poco a poco, metro a metro, nos acercábamos a Navacerrada, el paisaje es increíble, es uno de los momentos esperados durante mucho tiempo, pero no lo estoy disfrutando, empiezo a preocuparme, debo comer algo y no me atrevo, en Mataelpino ya no lo he hecho, y las fuerzas empezarán a faltar.

En esos pensamientos estaba, yendo hacia delante con la ayuda de Fernan y trotando de vez en cuando para descargar piernas cuando aparecen en su bici Prisillas y Pablo, su presencia me anima a seguir sufriendo, no puedo fracasar por segunda vez, toda esta gente que saca tiempo un sábado para venir a acompañarme merece que todo termine bien, si no es por mí es por ellos, pero esta vez hay que llegar.

A pesar de todos esos pensamientos positivos, el último tramo hasta la Barranca se me hizo durísimo. No saber exactamente donde estaba el avituallamiento complicaba más las cosas. De repente, un corredor se para ante nosotros, parece que era muscular pero según nos acercamos vemos que está mareado, me gustaría ayudarle pero le entiendo demasiado, estoy muy cerca de estar como él, me da rabia pero decido seguir mientras Fernan le ayuda a tumbarse. Por fin llegamos al avituallamiento, según me paro el mundo empieza a dar vueltas y el estómago empieza con sus piruetas, me alejo todo lo posible y empiezo a vomitar.

No pensé que se podía vomitar y pensar a la vez, pensar en que me están esperando en Cercedilla y no voy a llegar, pensar en que me voy a quedar otra vez en el camino… es duro pero es lo que hay… por mucho que me guste no estoy hecho para esto.

Cuando vuelvo le comunido a Fernan mi decisión… Abandono.

Madrid-Segovia... Manzanares y Mataelpino

Colmenar Viejo, kilómetro 27. Avituallamiento. Tenía la esperanza de que fuera tipo Goi y la sospecha de que no, al final ganó la sospecha y para mi sorpresa, me pintan una cruz en el dorsal al darme una botella de agua. Nos sentamos en un pequeño banco y devoramos un plato de arroz con tomate, el plan es andar un buen rato tras la comida antes de ponernos a correr.

No fue complicado, ya que el mismo terreno, tirando hacía arriba no nos permitía muchas alegrías, Toby seguía a nuestro lado, un pasito por delante o un pasito por detrás, “elabuelodeazul” debió comer poco porque le veíamos en la distancia y no le alcanzamos hasta bien entrado el tramo, muy feo al principio, recorriendo las nuevas urbanizaciones de Colmenar Viejo y maravilloso poco después, cuando, tras cruzar la carretera, entramos en una pista desde la cual se divisa, no solo la Pedriza, sino también toda la Sierra de Hoyo de Manzanares, por momentos veo el Cerro, es un momento de subidón importante, estamos llegando a casa. Fue un momento de máximo disfrute, el terreno “técnico” y peligroso del cual nos habían hablado varias veces era una bonita vereda que bajaba entre piedras y surcos dejados por el agua, personalmente me pareció más que sencillo pero es verdad que dimos alcance a muchos corredores… grandes ventajas de correr en la montaña.

Esa bajada se convirtió en subida, con las mismas características, a buen ritmo llegamos de nuevo a un punto en el que volvemos a bajar, empiezo a encontrarme en mi salsa pero a la vez me doy cuenta de que a Victor se le está haciendo duro.

Tras el avituallamiento del Puente Romano, que no vi por ningún sitio, una constante subida nos lleva a tierra conocida, pistas por las que ya he trotado en alguna ocasión, me doy cuenta de que además del incombustible Toby, llevamos unos kilómetros en compañía de un grupo de italianos, dos chicos y dos “signorinas molto bellas”, por un lado tengo la suerte de ver sus caras de asombro cuando asomamos a Manzanares, empieza la parte más bonita de la carrera, les pido que miren atrás, muy al fondo, las cuatro torres nos miran de nuevo, no nos quiere dejar marchar. En el lado de la mala suerte, los problemas de Victor hacen que vaya quedando atrás, decido seguir hacia delante y esperarle en el avituallamiento, allí veremos que hacer. Disfrutando como un enano, me tiro hacia el pantano por la trialera, saltando piedras y raices, ganando posiciones y oyendo la palabra loco en un par de ocasiones… me gusta.

Mi padre me está esperando, como de costumbre, me pide que me retire, y como de costumbre, le digo que no. Espero a Victor, viene bastante tocado en lo físico pero es duro de mollera, salimos juntos del avituallamiento, 500 metros más adelante nos separamos definitivamente, seguirá caminando hasta Segovia.

Yo me empiezo a dar cuenta de que algo no va bien, el último plátano me ha sentado muy mal y se une a las molestias gástricas que traía desde el principio, pero ahora conozco muy bien el camino, lo he hecho muchas veces y sé que llegar a Mataelpino no va a representar ningún problema. En este tramo llegamos al kilómetro 50 de nuestra aventura, unos metros antes me he encontrado con Arturo, un chaval de Leganés, que a sus 54 años se estrena en esto del ultra, se ha caído en la trialera de Manzanares y ha perdido las gafas, necesita a alguien que le guíe. Los dos juntos cumplimos con una nueva etapa y salimos, con ilusiones y dudas, ya que el estómago cada vez da más la lata, camino de Navacerrada.

Madrid-Segovia... Camino de Colmenar

 Ahora reconozco que lo de Victor fue una sorpresa relativa, sabía que al igual que yo, no quería hacer andando todo el camino, pero parece ser que en una salida previa entre Cercedilla y Segovia lo pasó bastante mal al final, por lo que no me parecía una buena idea, pero al igual que no le animé a venir conmigo tampoco intenté convencerle de que no me acompañara, de alguien que en plena resaca nos machaca corriendo en Becerril se puede esperar lo mejor.

 Empezando la carrera, tras una pequeña subida en la cual abandonamos a nuestros compañeros de travesía empezamos a trotar entre los corredores, gente de todo tipo, recios corredores equipados a la última, bellas señoritas con mallas de paseo y polos de Ralf Lauren, jóvenes, mayores y más mayores… al poco de empezar, bajando una pasarela que cruzaba una carretera, adelantamos a un señor mayor, está corriendo con unos pantalones y camisa de vestir y un paraguas en la mano, supongo que se ha encontrado con la marabunta de corredores e intenta huir de ella, al día siguiente me enteré que 18 horas más tarde pasó bajo el acueducto… solo tiene 72 años.

 Esos primeros kilómetros son complicados, más bonitos de lo esperado pero bastante feos, pistas y veredas en medio de un secarral, empezamos a tragar polvo y encuentro tremendamente útil llevar una botella de agua en la mano, no solo para hidratar sino para enjuagar la boca de vez en cuando, empezamos a temer que el calor va a ser importante durante el día.

 Como ya imaginaba, es complicado llevar un ritmo adecuado y ayudado en parte por el empuje de Victor, durante la primera hora de carrera hacemos casi 10 kilómetros, como estaba previsto, no corremos cuesta arriba, pero deberíamos haber andado algo en el llano, cosa que no hicimos. Casi sin darnos cuenta llegamos al primer avituallamiento en Tres Cantos, hasta aquí no hay problema, doy el OK para mis “seguidores” en las redes sociales y tras un pequeño descanso tomamos de nuevo el Camino, no pararemos hasta Colmenar Viejo.

  El primer tramo de esta etapa surca el carril bici de la Nacional 1, con mucho cuidado y pegados a la izquierda, vemos como los ciclistas nos esquivan, algunos pasan demasiado cerca, lo que nos hace extremar las precauciones. Sin contratiempos salimos de este infernal carril y comenzamos a bajar hasta un pequeño valle, aquí alcanzamos y conocemos a tres corredores clave: Toby, nombre inventado por Victor para un inglés que corre con su mujer sin hacerle mucho caso, el “abuelo de azul”, y el “abuelo de las mangas verdes”. Este último nos trajo por la calle de la amargura durante muchos kilómetros, corría con un ritmo lento y cansino, pero no paraba nunca, de forma que nos alcanzaba una y otra vez cada vez que andábamos un rato.

 Recibo en el fondo del valle la segunda llamada de Prisillas, está preocupado, siento que quiere estar a mi lado, poder ayudarme en todo momento…

 La llegada a Colmenar es dura, como casi todo pueblo, tiene su “cuesta del cementerio”, y esta no es como la nuestra, además de pendiente es interminable, la subo andando a ritmo… (i gotta feeling, uh uh, tonight….) y me doy cuenta de que Victor empieza a flaquear, corre bien, pero a la hora de andar le cuesta mantenerse a mi lado. A poco de llegar nos hacemos una foto con las cuatro torres de Madrid al fondo, Toby aprovecha para adelantarnos de nuevo. Al abuelo de las mangas verdes le vemos al fondo… corre Victor que nos coge. Y llegamos a Colmenar.

Madrid-Segovia... Así empezó todo.

 La noche previa no fue la ideal, una esofagitis no me permitió descansar la mitad de lo que debiera, muchos despertares y un reflujo doloroso hicieron que la temprana hora en la que el despertador tenía que sonar llegara demasiado pronto. Como de costumbre todo estaba preparado, según me voy vistiendo de romano miro atrás y pienso en lo extraño de la preparación para esta prueba.

 Todo comenzó hace muchos meses, en pleno entrenamiento para la Goi surgió una carrera que unía las ciudades de Madrid y Segovia, 100 kilómetros por pistas, sendas y veredas que hermanarían los modernos rascacielos madrileños con el vetusto acueducto de Segovia. En aquel momento parecía una buena idea, que con el tiempo se fue diluyendo hasta prácticamente desaparecer de mi pensamiento. Tras un verano de descanso, a finales del mes de agosto, durante una salida montañera con los chicos volví a pensar en ella… pero solo quedaba un mes.

 Un mes de entrenamiento en el cual he parado dos veces, una durante 10 días por un esguince de tobillo y otros cinco por una viriasis que me dejó sin fuerzas, iba a hacer una carrera de más de 100 kilómetros con poco más de tres o cuatro salidas largas y muchas dudas en cuanto a mi estado de forma, pero en el fondo pensaba en que el método de ElHermanoDAlex no podía ser tan malo… ¡funcionará!

 Desayuno un café con leche y mucho pan, con toda la puntualidad del mundo, Luis me está esperando cuando salgo de casa, nos dirigimos al lugar de reunión, momento en el cual nos damos cuenta de todo lo que hemos olvidado: dorsales, fores, desayunos… Me viene a la mente un refrán… no quieren los gitanos hijos con buenos principios, y pienso que hoy es el día, tras recoger todo lo olvidado nos encaminamos hacía la Plaza de Castilla.

 Y allí nos metemos en harina, nos encontramos con mucha gente conocida por los foros y los blogs, sin dejar atrás mi costumbre, paso revista de la gente “ciberconocida” sin saludar a nadie… vergonzoso que es uno. Buscamos una chica guapa que nos selle la credencial y esperamos a que la salida se produzca, lo cual sucedió con bastante retraso por unos “problemas policiales”.

 Problemas que continuaron durante la parte neutralizada de la carrera, en la cual los coches campaban a sus anchas entre nosotros, y sus dueños nos saludaban “con una gran sonrisa”.

 Pero olvidemos esos problemas y sigamos contando lo que aconteció, a la altura del hospital “Ramón y Cajal” pasamos junto a un chaval que llevaba la gorra que nos dieron en la Goi, esta vez sí, venzo mi habitual timidez y me acerco a saludar al heroe, durante unos minutos rememoramos aquella noche en el Txindoki, él aguantó hasta  el kilómetro 37, reconozco que pensar en que llegué al 52 me da fuerzas también para el día de hoy… las sensaciones que voy recogiendo son positivas.

 Casi sin darnos cuenta nos plantamos en el kilómetro cuatro, salida oficial de lo que va a ser un gran día. Me despido de Chema, Carlos y los Vallejo, que van a ir muy tranquilos desde el principio y me sorprendo al ver que Victor se va a venir conmigo.

5 de octubre de 2010

AGRADECIMIENTOS

Como decía mi abuelo "es de bien nacido ser agradecido", pués no podía ser yo el que le lleve la contraria.
GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS a todos los que de una manera u otra habéis estado ayudándonos, apoyandonos, unos teléfonicamente otros presencialmente, etc, etc en esta LOCURA.
Cómo ya ha comentado algún LOCO en otro lugar quizá si lo hubiéramos conseguido a la primera, no le damos el valor real que se merece.

Así que, no se si el año que viene o cuando pondré de nuevo toda mi ilusión en prepararme de nuevo para afrontar este LOCO reto de la MADRID-SEGOVIA.

Gracias por poner de vuestra parte para que me sienta un LOCO DEL CERRO más.

4 de octubre de 2010

Gracias

 Espero tener algo de tiempo en breve para ordenar unas cuantas cosas y poder escribir una crónica, pero no puedo dejar de dar las gracias a todos los Locos que han estado a mi lado de una forma u otra desde que decidí hacer esto. Sabéis que sin vosotros no hubiera sido posible. Gracias.

1 de octubre de 2010

Llegar.

Hoy no toca arenga épica. Ya no, ahora no. Me falta la fuerza interior.
Pero sí puedo deciros algo sentido, desde el interior, de forma humilde.
Mañana hay algo que teneis que tener claro cuando comienze vuestra andadura. LLEGAR.
Disfrutando si se puede del camino, de la compañía, de los paisajes y de la experiencia para LLEGAR con la mejor de las sonrisas.
Sufriendo como perros si las cosas se tuercen, si los kilómetros se hacen eternos, cuando la duda nos gane terreno, LLEGAR siempre el primer pensamiento.
Porque LLEGAR nos permitirá saber si mereció la pena, si disfrutamos o no. No antes.
Porque sin LLEGAR no tendremos respuestas, sólo aplazadas preguntas.
Yo sé que podeis. Por eso os pido solo una cosa: LLEGAR.

Y llegó el día

Porque todo lo que tiene que llegar, tarde o temprano, acaba llegando. Esta perogrullada hay veces que nos es complicado entenderla, ya que nuestra dura cabezota insiste una y otra vez en ocultarnos la realidad, aunque ésta esté ahí. Pero el caso que nos ocupa es bien distinto, puesto que lo que estaba por llegar era temido y ansiado por partes iguales.

Pues bien, dejadme la enorme y esperpéntica osadía de atreverme a deciros que no hay que temer nada, porque como bien os decía al principio, todo lo que tiene que llegar acaba llegando. Esto no significa ni más ni menos que mañana, poquito a poco (Lasai) irán aconteciendo las cosas que están por pasar y lo único que tendréis que hacer es ir fluyendo a través de ellas. Asimiladlas, admitidlas, quedaos con las que os llenen y de las demás, simplemente pasad. Obviad las negativas y así, poquito a poco (Lasai) el camino a Segovia se irá haciendo cada vez más corto, porque cada paso cuenta, incluso cuando es para atrás.

Sé que lo que hoy corresponde aquí es una de esas retóricas épicas que nos hacen creer Alejandro Magno o Atila, pero esa se la dejo al bueno de Prisi, que es el que tiene el don de la letra. Yo sólo, humíldemente y desde este pequeño espacio os muestro mi más sincera admiración y respeto, porque lo que mañana vais a afrontar es lo que se merece, el respeto y la admiración de los que desde aquí os seguiremos cada paso. Sois locos, no lo olvidéis, locos del cerro que disfrutan con algo que muy pocos entienden. Si mañana se da la situación y lográis entenderlo, vosotros también disfrutaréis de lo que os corresponde, pero tendréis que ser pacientes, todo tiene un precio.

Gracias por ilusionarme con esta VUESTRA hazaña y nos vemos en el camino.

¡AUPA LOS LOCOS DEL CERRO Y SU SANA LOCURA!

29 de septiembre de 2010

Corazón de León.

Ya van regresando los latidos fieros, poco a poco se sobreponen al débil pulso tras la enfermedad del ánimo.
Porque no es nuestro sino otro que el de continuar, levantarnos y caminar.
Porque tenemos la fortuna de contar con nuestras piernas para que nos lleve a sitios que sueña nuestra alma... unas veces en forma de conquista, otras de huída.
Zancadas que nunca serían dadas sin el impulso del corazón. Y, ahora que se restablece de los pasados malos momentos, lentamente aumenta su impulso vital.
No necesito grandes hazañas para pelear cada segundo, para tirar en cada cuesta y, desde luego para compartirlo con vosotros. Así que, aunque en menor escala, mientras me sea posible, seguireis sintiendo mi compañía.

24 de septiembre de 2010

Locos, del Cerro.

Anoche recibí una sorpresa maravillosa. Algo que hace apenas un par de años no hubiera imaginado.
Parece mentira que, desde aquel primer momento en que coincidí con la gente del Club Castillo de Collado Villalba haya llegado hasta aquí.
A los primeros trotes enseguida le siguió las primeras escaramuzas por las faldas del cerro con mi gran amigo Fernando. Recuerdo perfectamente como en los giros continuos a la dehesa le iba hablando de los terrenos y caminos que se escondían en esa elevación coronada por un Telégrafo que preside nuestra dehesa. Y como, iba despertando en él el interés y las ganas de conocerlos.
A esos primeros tanteos se unió enseguida Alberto, siempre dispuesto a los desafios. Y así entre primeros cortafuegos, relatos de antiguos MAM, de preciosos hayedos en Zegama, fue naciendo el espíritu de aquellos locos.
A estos locos le siguieron más, Mikel (a quien debemos la materialización de este espacio), Luis Angel... pero es que la progresión no ha cesado y hoy Chema, Carlos, David y Miguel, Javi, Rafa y algunos más han disfrutado y padecido su hechizo.
Anoche digo, el mejor regalo, el que me llegó de veras dentro, fue ver como esa pequeña semilla de entusiasmo, de cariño, de pasión por el Cerro, por el monte y la aventura, por el camino inóspito alcanzaba a tantos. Como había germinado.
Algo que jamás pude imaginar y de lo que humildemente, no puedo evitar sentirme emocionado, feliz y de alguna forma orgulloso.
Gracias Locos del Cerro.

15 de septiembre de 2010

Pinceladas, deseos y sueños de una G2H

3 superclases, 91 kms. y un fin de semana. Final

¡Óstila Biri!

Y llegamos. Sí señor. Al final entramos por el arco de meta. Pero desde que abandonamos el avituallamiento de Mutiloa hasta que entré en la plaza del ayuntamiento de Beasain viví una segunda carrera.

Nada más levantarme de las gradas del frontón donde había decidido descansar mientras Fernan daba buena cuenta de las viandas que allí nos tenían preparadas (lo que le gustó el tomate al jodio) noté que lo que nos restaba de carrera no iba a ser un camino de rosas. Desconozco porqué, pero me dio la espina de que lo bueno se había terminado. Justo cuando yo pensaba que ya estaba casi todo hecho llegó el hachazo. Primeros pasos subiendo unas escaleras y noto que me ha comenzado a doler la planta de los pies. Le resto importancia y pienso en que únicamente nos deberían quedar unos 8 kms. y esto ya es pan comido. Charla con Fernan y con los dos corricolaris “Guadiana”, mientras que para no variar continuamos con una ascensión a Españolamendi. El primer punto gracioso lo pone el enterarnos en ese momento que no es una ascensión, sino tres, porque subes y bajas lo que has subido para volver a subir un poco más alto y repetir el proceso una vez más. No importa, esto está hecho. Pero no (parezco gallego), porque noto como con facilidad pierdo la capacidad de seguir el ritmo de éstos y además veo que no van fuerte, lo que me indica que hay algo que pasa y me temo que lo tengo justo debajo de los pies. Esa molestia que tengo en la planta va tornándose dolor intenso cada vez que piso. Los dos corricolaris y Fernan se destacan y comienzan a adelantarme algunos de los corredores que habíamos adelantado previamente. El calor es intenso. El ulular del viento cejó en su empeño de hacer bailar las hojas de los árboles y todo lo que hasta ahora había sido una temperatura agradable, durante la tarde pasa a ser un calor sofocante. Cuando llego a la primera cima puedo comprobar que debajo de mis pies ya no hay camino, sino una alfombra de alfileres, millones, que se me clavan sin piedad a cada paso y que casi no me permiten pisar. Miro hacia abajo y me encuentro con la mirada interrogante de Fernan que se pregunta por qué no me decido a bajar y que inquisitivamente me dice que nos están adelantando los demás y no le gusta. Le entiendo perfectamente, a mí también me está sentando como una patada en el estómago, pero no tengo cojones suficientes para bajar andando, cuanto menos corriendo. Pienso en tirarme haciendo la croqueta, con el culo arrastra o como quiera que sea para no tener que pisar. Me pasa de todo por la cabeza mientras un insoportable dolor me machaca los pies. De todo menos abandonar. Eso no, por mi vida que no. Me decido a bajar muy despacio. Cada paso es un suplicio. Cada suplicio un paso menos que me queda para Beasáin. Así es como lo veo. Llego abajo y en algo que tendría que haber tardado menos de un minuto veo que he sumado casi siete. Le explico a Fernan mi problema y le digo que me cuesta horrores caminar y que tendremos que bajar el ritmo. Asiente con la cabeza y asimila como buen samurái lo que hasta el final de carrera será su dolor, nos pasarán muchos corredores y él está fuerte como un toro y podría aún pasar a unos cuantos más. Sucumbe a mi paso de caracol cuando lo que desea es correr como un galgo. Esperará a cada requiebro del camino a que llegue en lugar de levantar las pegatinas a todos los corredores que quedaban por delante, pero él es Fernando, es un samurái y es un amigo y para él hay algo que está por encima de los intereses personales: yo.

Continuamos nuestro pesado y lento caminar Fernan delante y yo detrás, sufriendo porque tiene que estar venga a esperarme, cuando la primera saetada nos hiere más aún si cabe: nos acaba de pasar el primer corredor de la Ehunmilak. Continúo como puedo, después de que nos hayan pasado muchos corredores que habíamos dejado atrás hacía ya incluso algunas horas, cuando escucho a mi espalda “Paso al segundo corredor de la Ehunmilak”. Me aparto y al volverme me encuentro al corricolari que dejamos perdido en la subida al Aizkorri. Nos cuenta que le entró un arrechucho que lo dejó doblado y que estuvo a punto de tener que retirarse, pero que se paró, comió algo, se hidrató y descansó alrededor de una hora y aquí le tienes, otro que nos adelanta. En la misma cuesta abajo ahora nos alcanza uno de la organización y nos asesta otro saetazo más, nos dice que somos los últimos. Perdón, corrijo, que soy el último. Me importa un bledo (mentira) pero yo acabo como que me llaman ElHermanoDAlex. Charleta con el biciclista y poco a poco vamos recortándole metros al camino (la distancia la empecé a medir en metros de lo lento y jodido que iba). Por si fuera poco, me empieza a entrar un bajón por el cansancio y las horas de sueño perdido, pero ahí está mi isostar que me levanta los ánimos de nuevo y me ayuda a llegar a una de las partes más bonitas de la carrera y de las que más me gustaron, pues compensaron en parte la ignominia para con Fernan de mi pausado caminar.

Llegamos a una zona de caseríos y a Fernan le brillan los ojos con especial intensidad mientras internamente rememora los años mozos que trabajó duramente por aquellos parajes cuando, tras haber recaído en una familia que estaba sentada a la puerta de uno de los caseríos, a orillas del camino, veo que Fernan les pregunta ¿No os acordáis de mí?. Se me ponen los pelos de punta de acordarme y es que ya es casualidad que justo estuviéramos pasando por delante de la puerta de los que en su día fueron vecinos durante muchos veranos en la Gipuzkoa profunda y que además allí estuvieran ellos, como esperando a que se diera el milagro. Abrazos, besos y demás preguntas típicas del reencuentro. Muchos recuerdos se amontonan en las cabezas de unos y otros mientras el tiempo se pliega para llevarles a un pasado que se hace cercano y vívido. Ánimos y buenos deseos y besos para Aran, a la que añoran y aprecian, quieren y recuerdan con mucho cariño. La parada me mata, pues me cuesta mucho volver a caminar, pero ha merecido mil veces la pena, es una manera de recompensar al samurái.

Unos pasos más adelante y ahora hacia la derecha, a un casero que viene andando tranquilamente después de la faena, otro ¿Te acuerdas de mí? -“¡Ostila Biri!”- y de nuevo el brillo intenso en los ojos de Biri, pues resulta ser que nuestro querido vigía allí es conocido como Biri y es querido enormemente por tan exigentes oriundos. Biri era un buen chaval, trabajador hasta el hartazgo y agradable, cordial y cercano en el trato que dejó una huella tan honda en aquellas gentes que ahora, después de más de veinte años sin relación alguna, vuelven a dedicar una sonrisa sincera al noble Biri. Lo que siguió fueron palabras de miles de recuerdos que Biri me transmitía con fervor y que me hacían el camino más ameno. Aunque no conseguía olvidar el dolor de mis pies, durante algún tiempo pude centrar la mente en otro asunto mucho más importante: escuchar al viejo Biri.

Más camino andado y el tiempo pasaba como una exhalación, mientras que los metros hasta la meta parecían multiplicarse. Nos pasa el segundo corredor de la Ehunmilak (ahora sí que era verdad) y nosotros seguimos en nuestro empeño del pasito a pasito se anda el camino. Ya estamos muy cerca de Beasain (según los caseros era todo bajada, ¡ja!) y mientras bajamos una cuesta de asfalto que estaba resultándome puta como las gallinas noto como mi mano derecha tira de mí hacia adelante. ¿qué leches le pasa ahora al brazo? ¿me dan espasmos?. El brazo de nuevo tira de mí hacia adelante y me hace dar dos pasos más rápido de lo deseado, hiriéndome los pies otro ápice más aún si cabe. De repente, como de la nada, al fondo vislumbro dos siluetas harto conocidas, miro a mi muñeca derecha y comprendo qué es lo que está ocurriendo. Doblado y enrollado en la muñeca descansa el buff y es éste el que tira de mí. Todo está claro como el agua, ya que no es un buff cualquiera, es un buff especial. Es un buff antológico resultas de un regalo impagable. Durante el camino, la mañana del día anterior, aprovechando una parada a desayunar, Prisi nos sorprendió a todos con un regalo precioso, un buff para cada uno que tenían un significado especial, pues eran los buff que le habían dado en distintos MAM y a mí me había tocado el que correspondía al primer MAM en que dieron buff y de los primeros que había corrido Josema (un regalo soberbio que me acompañará durante muchas otras carreras desde ese momento y hasta que la muerte nos separe). Pues bien, Prisi estaba tirando de mí, apoyándome desde la lejanía a través del buff que servía de vínculo de unión. Trasladándome la energía cósmica que conecta a las personas unidas a través de una amistad especial y el buff respondía a la llamada como un hijo responde a la llamada de un padre.

Piano, piano llegamos a la altura de Mikel y Prisi (o más bien ellos llegan antes a nuestra altura) y nos reciben con aplausos y vítores. Es aquí donde les ponemos un poco al día de la situación y les explicamos que desde hace unos cuantos kilómetros no ando sobre otra cosa que no sea el orgullo de terminar. Nos animan e informan que ya estamos a menos de un kilómetro de Beasain y aquí llega otro gesto que jamás olvidaré y es el descubrir en el rostro de Mikel la admiración porque estuviéramos ahí, después de todo estábamos llegando. No quiero desmerecer a Prisi, porque tanto el uno como el otro lo dieron todo desviviéndose desde aquí hasta nuestra entrada en meta, pero Mikel me llamó especialmente la atención. Derrochaba alegría, estaba exultante y gritaba una y otra vez “Sois grandes chicos”. Recuerdo que fui seco y restaba importancia a la situación, le decía que no éramos tan grandes y lo sigo pensando, pero la verdad es que fue una nueva renovación de las fuerzas que ya me habían abandonado hacía algún tiempo. Gracias a la suma de todas estas pinceladas conseguí seguir adelante. Ellos andaban por mí, yo sólo me limitaba a prestar mi cuerpo a la hazaña, pero la energía partía de ellos tres, los tres superclases con los que me había embarcado en una aventura irrepetible. Tres superclases que ante todo fueron personas, enormes personas de enorme corazón. Infinita es la gratitud que les profeso así como la deuda que tengo con ellos, pues cada uno en su momento, durante muchos y muchos minutos, kilómetros, acontecimientos y vivencias dieron lo mejor de sí mismos para que lo imposible fuera realidad. Los sueños dejaban de ser sueños.

La entrada en Beasain fue especialmente emotiva y también permanecerá en mi retina por siempre. Gente a uno y otro lados de la calle aplaudiendo y gritando nuestros nombres durante casi dos kilómetros de Gloria. Mikel y Prisi trotando a nuestro lado y jaleándonos. No se cómo pero desde poco antes de entrar en el pueblo comencé a trotar muy despacio y poco a poco iba adquiriendo velocidad. Los pies ya no me dolían o si lo hacían me importaba tan poco que ni lo notaba. Me venían a la cabeza los motivos que me habían mantenido en pie de guerra durante los momentos difíciles de la prueba y notaba como una lágrima furtiva afloraba y se perdía suicida por el vacío precipicio que había desde mi mejilla al suelo. Me la secaba con el buff repleto de energía cósmica y apretaba un poco más el ritmo hasta que al fin, a unos metros de nada podemos ver el arco de meta que pondrá punto y final a la aventura. Fernan con el júbilo de la llegada ha apretado más que yo y entra triunfante en meta. Yo con lo que en ese momento me parecía casi a sprint también rebaso unos segundos más tarde la línea que marca que el trabajo está terminado y sin poder contenerme, con los brazos en alto y colmado de alegría rompo a llorar con la imagen de mi hija en la cabeza. Ella fue el auténtico motor. Ella era el secreto que me había guardado hasta hoy y que consiguió que terminara la carrera. Por ella sabía que terminaría y por ella decidí en Etxegárate que tenía que continuar y estaba deseando que Fernan me lo propusiera, en un silencio cruel que me hizo eternos los minutos y que egoístamente imposibilitaron que pensara con la frialdad necesaria para convencer a Prisi y Mikel de que tenían que continuar. La carrera la terminé exclusivamente porque era la única manera de devolverle a mi pequeña el tiempo que la había robado mientras entrenaba. Ese tiempo no podía emplearlo en balde, no podía regalarlo a la nada. Si no terminaba habría perdido y sería un hombre gris del cuento de Momo. Un ladrón del tiempo, el tiempo de Paula. ¿Hay algo más importante que los hijos?

Ondo, ondo, oso ondo. Lasai.

8 de septiembre de 2010

Las locuras del Camino

 Esto es un sinvivir, la nueva locura, esa Madrid-Segovia que apareció en el calendario y enajenó nuestras mentes se acerca. Faltan poco más de tres semanas y han pasado tantas cosas en los últimos meses que hoy ha sido el primer día en el cual salgo a correr pensando en la misma.



 El inicio por tanto no ha sido lo mejor, por ello espero que el final sea insuperable. Es la típica carrera a la que uno se apunta en cuanto conoce su existencia, ya que  innumerables alicientes se suman a la falta de riego que uno tiene en el cerebro de tanto usar las piernas, a saber, 100 kilómetros de vías pecuarias entre la gran capital y la maravillosa ciudad de Segovia, por tanto pasando cerca de casa, 24 horas de límite, una cuota de inscripción baratita para lo que por ahí se tercia y unos organizadores que son una garantía de que las cosas van a ir bien. ¿Quién dice que no a semejante caramelo?

 Pero el tiempo va pasando y el problema con la Goi pesa (mira que dije que lo iba a dejar de lado, jejeje), entrené mucho y por tanto quite mucho tiempo a la familia, cosa que no quería volver a hacer, además, lo que parecía llevadero, un bonito paseo, se hace un mundo y sin querer pensarlo mucho más decido no hacerla.

 Y el tiempo sigue pasando, el calor hace que los días que salgo a correr sean mínimos y de poca calidad, la falta de un objetivo concreto tampoco ayuda a motivarme en demasía, hasta que cierto día mi mujer me recuerda que había una “carrerita” entre Madrid y Segovia que tenía previsto hacer. Instantáneamente se mete en la cabeza de nuevo el recorrido, el paso por Manzanares, la subida por la carretera de la República y las maravillosas vistas del Mirador de la Reina… tras pensarlo unos segundos realizo mi inscripción via web.

 No había pagado aún cuando bajando hacia el Ventorrillo el tobillo hace crack, me duele más no correr que el esguince, pero con todo anulo la inscripción pensando en que sería imposible recuperarse a tiempo y que no está la economía para tirar 40 euros pero, en un nuevo giro, la carrera pasa a ser gratuita, en principio no hago mucho caso, el sueño terminó y no hay que darle más vueltas, pero cierta conversación con alguien muy importante me hace recapacitar. Además, no hay porqué hacerlo todo corriendo, por lo que, aunque no sea como en un principio había pensado, las posibilidades de llegar a Segovia, si el tobillo responde como debe, existen.

 Tras un par de correos con la organización, a la cual agradezco el detalle, la inscripción se realizó de nuevo, ya tengo incluso asignado el dorsal, eso sí, me hicieron prometer, jurar y perjurar, que no iba a fallar… así que en estas me veo.

 Y hoy, por fin, después del dolor producido por el esguince, de inicios colegiales, de talleres y compras, he podido salir a correr un rato. Desde el principio marcando ritmos lentos, pensando en que no se debe correr y en que en los últimos dos meses he hecho poco más de 200 kilómetros, pensando en los caminos que me encontraré, en los amigos con los que compartiré unos metros de esfuerzo, en mi familia, que esta vez me apoya de forma incondicional.

 Era una prueba de fuego, de lo que hoy ocurriera dependía mi carrera y ha sido positiva, unas horas después, el tobillo no duele y las ganas hacer otros 17 kilómetros están presentes. No sé lo que tardaré, no me importa, no sé si andaré o correré, tampoco me importa, pero una cosa está clara… ¡voy a correr la Madrid-Segovia!

7 de septiembre de 2010

Mi Goi2H. Punto final.

 Ayer por la noche leí el último post escrito por Prisillas, después de mucho tiempo nos cuenta sus sensaciones, aventuras y desventuras por tierras guipuzcoanas. En este mismo instante ElHermanodAlex estará ultimando su crónica, siete u ocho capítulos repletos de detalles…

 La lesión y un poco de tiempo que he podido reunir esta mañana me han permitido echar la vista atrás y releer unos cuantos artículos pre y post Goi2H, lo que me ha llevado a varias conclusiones que espero saber comunicar con mi “sublime” prosa…

 Las decisiones se toman en un momento determinado, las cosas son como son y las circunstancias no se pueden cambiar, pero con el paso del tiempo se pueden ver desde otra perspectiva, por ello creo que es un error volver a aquel comedor en Etxegárate, desde la comodidad de un sillón o hablando con la almohada todo es más fácil, la lluvia no moja y el barro no resbala, lo que induce a pensar que el abandono no fue una buena idea. En aquel momento, bajo la lluvia, calado hasta los huesos y tropezando a cada paso, las circunstancias me llevaron a dejar la carrera, aunque ahora es duro no hay marcha atrás, y todas las conjeturas y posibles que se me ocurran ya llegan tarde.

 Todo esto no quiere decir que no se deba hacer un análisis de lo que ocurrió durante la carrera. Una exhaustiva valoración nos debe llevar a un diagnóstico adecuado de la situación, a partir del cual se puede hacer una buena planificación que nos lleve a una correcta ejecución de las actividades que su vez nos permita lograr el objetivo propuesto.

 Mi justificación para la retirada fue “no me estoy divirtiendo” pero… ¿Cuál fue el camino para llegar a esa conclusión? Por desgracia, dentro del mundo de los sentimientos es muy difícil medir, existen test y escalas que nos permiten aproximarnos a lo que buscamos, pero como he dicho antes, ahora ya no vale pensar en ellos porque las circunstancias son muy distintas, había que haberlos hecho en mitad del hayedo y no ahora. Por ello, todo lo que diga a partir de ahora son conjeturas que no obstante pueden ayudarme a la hora de afrontar un futuro reto.

 Y la que más fuerza cobra después de haber pensado en ello es el MIEDO, leyendo el post de Prisillas me han venido a la cabeza muchos momentos de la carrera y no he podido dejar de pensar en las cosas que hubieran podido pasarnos. Antes del Txindoki ya tuvimos una larga bajada, por lo menos a mí se me hizo eterna, en la cual me caí varias veces, cuando llegué al avituallamiento solo quería agua para poder limpiarme las manos, llenas de barro, antes de comer y beber algo. Justo después llegó la prueba de fuego, no puedo explicarlo tan bien como nuestro amigo Josema, solo decir que, además de lo que el nos cuenta en su último post, yo tenía en la cabeza, a pesar de no verlo, un pico escarpado y muchos precipicios. Para colmo, el terreno por el que continuó la travesía era todo menos fácil, muy duro, con multitud de subidas y bajadas, con piedras que resbalaban, con la más que cierta posibilidad de perderse, fueron muchas horas en tensión. De repente, en medio de un mágico hayedo, tras una dura pendiente, el terreno se suaviza y la tensión desaparece, llevándose consigo todas las fuerzas que me quedaban. Poco a poco me fui quedando atrás y sin darme cuenta me fui de la carrera, en terreno en el que se podía correr iba andando, en terreno en el que se podía andar me dedicaba a disfrutar de los maravillosos lugares por los que pasábamos y en los barrizales me hundía. Me esperaban y no llegaba, se escapaban y no les seguía… supongo que lo que sentía era el vacío tras el exceso de adrenalina liberado anteriormente.

 Por supuesto, hay otras posibles causas, la falta de condición física es una de ellas, ¿es posible que ese vacío fuera físico y no mental? Aunque parece difícil no es algo que se pueda descartar a la ligera, creo que en todas las bajadas que hicimos juntos fui por detrás del grupo, y aunque parece que para arriba iba mejor… no sé. Siempre pensé que podía haber seguido.

 ¿Un exceso de confianza? Pudiera ser, nunca pensé en que me iba a retirar, el hecho de pensar en que sería fácil tal vez me quitó el punto de tensión necesario para acabar con éxito.

 Posiblemente haya algo más que no soy capaz de ver, pero la verdad es que estoy cansado ya de la Goi, hace casi dos meses que terminó y creo que es hora de pasar página, de buscar nuevos retos en los que no cometer los mismos errores. No haber llegado a Beasain no me va a impedir llegar a otros muchos lugares… y seguro que alguna vez saldrá bien.

Y para terminar con el ladrillo tres últimas notas:

 Quien lea esto puede llegar a pensar que ha sido terrible, nada más lejos de la realidad, la organización, la gente, el recorrido y por supuesto los amigos, hacen que esta carrera sea inolvidable, pero como es habitual, es más sencillo contar lo negativo que lo positivo. Pasaron muchísimas cosas buenas que quedaran para siempre en mi recuerdo, además, con el tiempo, harán olvidar estas historias.

 La segunda, dar merecido homenaje a Luis Ángel y Fernando, los que allí estuvimos sabemos lo que significa acabar una carrera como aquella. ¡Enhorabuena campeones!

  Y para terminar, y no menos importante, darle las gracias a Josema por convencernos de hacer esa locura. El sabe que mi mayor pesar de la carrera es que él no la terminara, el no conseguir que siguiera la estela de los dos corricolaris que culminaron la aventura con éxito. Pero descuida que no me flagelaré por ello, tampoco estabas tú para tirar cohetes ;-).


Pies de Barro

Parto de la premisa de que esto no será una crónica al uso. Más bien una argamasa de pensamientos y sentimientos.
Empezaré diciendo que creo que es el título más apropiado para expresar aquí lo que viví en la G2H. Por su grafismo y por su doble lectura. Rindo pleitesía a ese terreno que tantas veces probé y me envolvió, asi como, a la incapacidad de arrancar de mis entrañas la rebeldía suficiente para aceptar la pelea al mismisimo Dios Eolo si hubiera hecho falta.
Con ese puntinto fatalista que tanto me gusta y que desde siempre me acompaña, que no es malo, siempre que no me llegue a arrastrar os hago este pequeño lienzo de pinceladas ya como recuerdos de aquella aventura que fue la Goierrikohaundiak.


Si hubiera tenido que apostar por mi la mañana del 16 de julio no hubiera puesto sobre la mesa más allá de un simbólico euro. Me desperté temprano y las sensaciones no fueron nada buenas. Sudor frio y piernas temblorosas. Bien hubiera preferido que fuera pánico pero llevaba 48 horas con la salud en el alero y me estaba pasando factura.
Después de tanto entusiasmo, convicción, esfuerzo y empeño me encontraba en un inicio nada prometedor. Pero comencé bien, fui paciente y decidí esperar a ver que me deparaba el destino. Tiempo habría de tomar decisiones.
El viaje con mis compis por lo tanto estuvo marcado por la meditación, analizando toda aquella vorágine de acontecimientos que se me habían derramado encima sin previsión y ante los que solo cabía oponer tozudez, prudencia, pero tozudez. Quizá en esta fase gastara parte de la que me hubiera hecho falta al cabo de unas horas.
La llegada a Beasain fue balsámica para mí. El alcanzar los paisajes de Etxegárate, el saludo del Aizgorri... reparador. Allí pude reencontrarme con mi gran amigo Txemi, responsable de la logística en el polideportivo y que resultó un maravilloso anfitrión.
Tuve poco apetito, señal de que el cuerpo todavía no regía correctamente, pero seguí paciente, esperando que cada hora la cosa mejorara, como el brazo gitano que pude saborear.
Y comenzaron a llegar los amigos. Maider, Lurdes, Ramón, Maite.... y cada vez me fui encontrando mejor. ¡¡¡Que cojones, aquello merecía echar el resto como fuera!!!.
Recogida del dorsal, miradas de respeto en los voluntarios y de sincera admiración en los vecinos de Beasain (amigos eso no tiene precio, uno encuentra la recompensa a tanto esfuerzo entrenando).
Pudimos contemplar con sana envidia la salida de los "mayores" de la Ehunmilak a las 18:00 de la tarde, tomamos un café, despachamos los sanwiches y bocatas previstos y esperamos con impaciencia la llegada de nuestra hora.
Y llegó, llegó el momento donde nerviosos y emocionados pasamos el control de salida y nos metimos en la plaza del ayuntamiento, aquellos momentos los recordaré siempre, la exaltación de nuestro ánimo y los latidos de nuestros corazones ansiosos por comenzar, viviendo a tope aquel momento tan deseado.
Y comenzamos a correr, entre una fina lluvia que comenzaba a caer arrancamos los aplausos de cada persona que nos cruzámos, de cada cuadrilla que desparramaba en el comienzo de una noche de juerga, a buen ritmo, cargados de esperanza. Confiados y, sinceramente con buenas sensaciones después de la incertidumbre arrastrada.
Callejeamos, uno, dos, tres km y tuvimos que controlar nuestra euforia y nuestro ritmo para no pasarnos... hasta que de repente asaltamos una especie de parque merendero en una zona de monte y en una primera cuesta nuestras luces comenzaron a fabricar un rosario divino de nerviosos corredores. Esa entrada en el monte tampoco la olvidaré.
Atravesamos algunos caserios y pistas y atravesamos las pequeñas poblaciones en pleno festival de ánimos y aplausos. Todo iba viento en popa hasta que llegó el Txindoki.
Lo tengo claro, he de ascender esta montaña en el futuro de día, porque aquella noche me lo negó todo. Su disfrute, su magia, su cima, sus vistas, todo.
Su aproximación tuvo la forma de una especie de calzada romana, una camino entre piedra y barro donde comenzó a transformarse el paisaje y la realidad de la carrera. Aunque ya antes habíamos atravesado algún lodazal y habíamos bajado alguna pendiente estilo "arrastraculero", aunque habíamos tenido que utilizar los troncos de los árboles como referencia de freno en alguna bajada el Txindoki fue especial, único e inolvidable.
Es un monte que se deja dominar hasta los últimos 500 mts, un camino sepenteante donde se gana altura despacio y con comodidad, aquello parecía muy fácil, pero todo lo que nos puso de alfombra en su tramo principal lo tornó en alambradas en su tramo final.
Os juro que no me cansé del esfuerzo, no racaneé ni un gramo de fuerza en cada resbalón, en ningún momento cejé en mi voluntad de avanzar, pero os garantizo que aquella cima hizo todo lo posible para expulsarnos de ella. Un metro ganado era muchas veces 3 de retroceso por su húmeda y resbaladiza ladera. Y, cuando la hierba y el barro fueron vencidos aparecieron las piedras para rematar. Si subir fue épico, bajar se antojaba aterrador.
En serio, el momento en que el sufrido voluntario pudo dar constancia de nuesta cumbre la cara de la mayoría de los participantes se transformaba en un rictus de temor ante la conciencia de lo que les esperaba. Primero las piedras como agujas, después la deslizante campa. Un desafío fabuloso para todos los nervios, músculos y reflejos de cada uno de nosotros.
En este tramo agradecí especialmente la presencia de Fernando, fue mi referente ya que no podía compaginar la atención a no caerme y a las marcas al mismo tiempo y su guia me fue necesaria, en cuanto se me iba en la distancia solicitaba su ayuda. Mi camarada, mi compañero de trinchera de los Tercios de Flandes.
Sin su presencia en este tramo y el del Gambo yo lo hubiera pasado muy mal. Era consciente de que su experiencia en la montaña sería importante. No me equivoqué, fue vital para nosotros. Porque la zona del Gambo después del Txindoki fue una auténtica cueva de lobos. Frio, viento, niebla.... unas campas abiertas donde costaba encontrar las marcas reflectantes, donde avanzamos muy lentamente, donde las piedras volvian a emboscarnos esporádicamente. Personalmente estoy convencido que tuve un principio de hipotermia. Ya llevaba puesto todo lo que tenía: los manguitos, el chubasquero y los guantes, pero mis brazos se movían a libre voluntad en espasmos comumente denominados "tiritonas". No veía el momento de abandonar aquella inóspita zona, de comenzar a perder altitud y dejar atrás el gélido viento. En ese momento pensé por primera vez en dejar la carrera. Los elementos me lo estaban poniendo demasiado dificil y sinceramente, no estaba preparado un 17 de julio.
Pero me acordé de mi gran amigo Ppong y aquella frase: "hay que aguantar la noche, con la llegada del día, de la luz, todo vuelve a verse distinto". Se la trasladé a mis compañeros como báculo donde apoyarnos todos y surtió efecto. Comenzamos a descender, el cielo comenzó a perder oscuridad y el frio se marchó.
Esta es la parte que más disfruté, sentir el amanecer descendiendo por un cordal, descubrir las formas de los árboles entre la oscuridad, recibir al día y llegar a un maravilloso embalse a modo de lago, cubierto de bruma en las primeras luces el alba... allí resurgimos, nos sentimos fuertes, unidos y agradecidos de encontrarnos en aquel momento y en aquel lugar.
Vino una senda preciosa que transcurria por un cortado, con varios puentes y portalones de madera que había que atravesar y llegamos al reino de los hayedos. Sus majestades las hayas vistieron sus mejores galas para recibirnos, entre una tenue niebla, bosques mágicos, vastos e inolvidables que nos envolvían. Hicimos un alto y nos agrupamos.
Y llegó el momento vital. Hasta ese momento Luis andaba prudente y rezagado con Mikel, pero animado se empareja con Fernando y tiramos para delante. Miro, Mikel no viene. Como tantas otras veces decido esperar. Pero no contaba con que allí se abriría una brecha irreparable. Mikel se queda una y otra vez, su ritmo se vuelve relajado y aunque camino más que corro, a mi ritmo montañero en cuanto me descuido el hueco se abre y tengo que parar. En un par de ocasiones tiro, tiro con la idea de alcanzar a Fernan y Luis y pararles. Pero me tengo que frenar, me veo en terreno de nadie y no me atrevo a dejar a Mikel solo. Así que comienza a agobiarme la idea de estar "fuera de carrera", no en sentido cronometrado. Me refiero a comenzar a ser un lastre para los que van por delante. El terreno no da tregua. Continuas escaramuzas de barro y toboganes de patinaje y llega un segundo momento clave. En uno de esos toboganes donde me voy agarrando a los helechos y a las zarzas para aguantarme resbalo y en la caida me golpeo el brazo en una piedra. Entre el barro veo un hilo de sangre y me duele. Aquello me hace replantearme si merece la pena llegar ante los mios magullado, si ante lo que me espera saldré bien librado. Llamo por móvil y les digo que no pierdan más tiempo y que tiren.
Así con más pena que gloria, repletos de barro y con el zurrón de la moral bastante diezmado nos plantamos en Etxegárate. El final de mi aventura y el comienzo de mi desilusión. Allí nos esperaban nuestros compañeros.
Es dificil explicar todo lo que durante aquellos instantes pasó por mi cabeza. Como siempre no todo ni es blanco ni negro. Así que vivía un bullicio de sentimientos encontrados, antagónicos. A la decisión razonable de abandonar se oponía la deportiva de continuar. Mi cabeza me decía que no pasaba nada, era una decisión cabal y razonable. Pero mi corazón esperaba una mínima palabra, una pequeña señal que le obligara a continuar. Asumí con entereza lo que acababa de ocurrir, pero durante los instantes en que en el grupo se gestó la idea de continuar (o todos o ninguno) mi estómago se revolvió de ilusión.
No culpo a nadie, por supuesto. Personalmente fue una decepción no haber sido capaz de encontrar un pensamiento positivo que me hiciera continuar, algo a lo que aferrarme. Tan mentalizado como supuestamente estaba para tirar de épica, de garra. Yo, que me postulé como cabeza de grupo. Alma mater. Gigante con pies de barro.

Fue lo más duro. Desperdiciar toda aquella preparación, el viaje, el alcanzar el km 50 entero de fuerzas. La fragilidad no vino como temía por la piernas, vino por la cabeza. El pensar que se marchaba una ocasión única y no se sabe si irrepetible.
Se sacan lecciones de todo en la vida. Lo único y mejor que podemos hacer.
Hoy estoy convencido que nos faltó experiencia, se notó realmente que ninguno de aquellos cuatro amigos se habían visto en algo así. El grupo es vital si la carrera se afronta en grupo. Si no hay grupo en algún momento deja de haber carrera.
En cualquier caso, estoy orgulloso de mis tres compañeros. De alguna forma todos llegaron más lejos de lo que se les suponía, mucho más lejos que yo. Fue un honor compartir el fin de semana con ellos.
Un fin de semana, que a pesar de todo, será inolvidable y no solo negativo.