26 de diciembre de 2012

Amistad y montaña 2012

Vídeo recopilatorio del 2012, espero que os guste;

24 de noviembre de 2012

Día triste. Muy triste

Los reencuentros no tendrían que ser así pero la autócrata fatalidad no lo quiso de otra manera.

Nos fundimos en un abrazo y no había otra cosa en nosotros que no fueran lágrimas. Lloraban nuestros ojos y lloraba nuestro corazón. El tuyo más que el mío, amigo. Su razón tenía.

Hacía mucho desde que cruzamos nuestras vidas por primera vez un buen puñado de los que ayer y hoy nos reencontramos. 20 años para ser más exactos. Desde entonces todo ha cambiado mucho. Todo, incluso nuestra amistad. Ésta se ha forjado durante años, a fuego lento. Fraguando piano, piano. Dándole conversación, cariño y castigo. Porque la verdad es que, como a toda buena amistad, la hemos castigado alguna vez. Pero el resultado ha sido algo tan bonito, tan intenso, tan real como nuestro abrazo de anoche. Hoy lo expresaba con palabras Javier Merino: "lo grande de esto es que pueden pasar años sin vernos y cuando volvemos a encontrarnos parece que la última vez que nos vimos fue ayer".

Hace dos noches falleció, de sopetón, sin que la vida avisara de manera alguna, sino mas bien todo lo contrario. Demasiado pronto, dejó un vacío en las vidas de personas a las que uno quiere mucho y eso duele en lo más profundo. Blas, no nos conocimos y tu no lo sabías igual que no lo sabe casi nadie (o no lo sabían hasta ahora), pero además de vacío tambien dejaste en tu huella a un hijo al que aunque no se lo diga y nos veamos de pascuas a ramos llevo muy adentro. Sin el, en una muy gran parte, en una parte enorme, hoy no sería lo que soy.

Porque sin la muerte, esta vida no tendría sentido.

Blas, descanse en paz.

La desdicha se
convierte en una sombra,
aire que respiro,
mi agonía,
mi muerte y mi muerte
futura entre la muerte,
profundo túnel donde
se extravía la soledad.

Soy solamente,
el que vive con
devoción en su mundo,
que es eterno,
que es viejo,
que es joven
que es abierto,
que es lacrado,
que siempre es eso.

Una raíz que desciende
a una profundidad
más negra que su grito,
que absorbe la luz
de una vida inconclusa,
pero que espera
reflejarse en los
espejos de un futuro.


(Luis Fernando Tejada)

30 de octubre de 2012

Un buen objetivo futuro



El hecho de apuntarse a una carrera sin ver antes pormenorizadamente todos sus detalles puede jugarte a veces una mala pasada. Cuando me sugirió Arantxa El I Trail de las Ubiñas y me señaló la zona, siempre pensé que sería desde un pueblo pegado a Teverga o San Emiliano, ambas cercanas a Somiedo donde voy con asiduidad. Espoleado, sin duda, por mi retirada de la Madrid-Segovia, para mi nefasta, no dudé ya en apuntarme, vista la dureza de su recorrido con 4000 metros de desnivel acumulado (+/-), muy acorde con mis características. Me dio igual el hecho de que la categoría de VET fuera a partir de los 45 años (por experiencia las posibilidades de estar cerca del podium en ellas merman bastante) pues lo principal es que tenía muy buenas sensaciones.
Algo muy distinto fue cuando me puse en serio a ver desde dónde salía la carrera. Las Ubiñas es un macizo impresionante que divide de forma majestuosa Asturias y León. Sin comunicación por carretera entre su zona Este y Oeste, el partir de una u otra vertiente puede suponerte un más que mediano viaje por carreteras tortuosas. Así fue. El comenzar en Tuiza, un maravilloso y acogedor pueblo de montaña, suponía para mí mas de hora y media de viaje en coche que, unido al comienzo de la carrera, las nueve de la mañana, alargaba el madrugón a las seis de la mañana. Como ya no había remedio, no quedaba más que acercarse con tiempo cerca de Pola de Lena y remontar una larga carretera de subida a la pequeña aldea.
Todo no fue malo: se habían anunciado lluvias y nieve en altura. Conociendo la dureza de la zona no miento si digo que me preocupaba bastante el asunto porque cuando nieva por esas cumbres lo hace copiosamente. Sin embargo, pronto recibimos buenas noticias. No se cumpliría el pronóstico inicial y disfrutaríamos de un día frío pero sin mucha agua. Tampoco se esperaba nieve.
A disfrutar. O eso pensaba yo inocentemente.
Como hago en muchas de las carreras que corro, me acerqué al arco de salida para ir viendo el nivel de los participantes. Si eres observador suele ser un buen test para lo que te espera. La verdad es que me pareció altísimo. Gente muy fina y bastante joven en general. Buenas prendas y mejores materiales. Apenas distinguí algún que otro veterano de más de cincuenta años. No parecía haber ningun participante de los que se acercan a estas carreras para ‘probar’. De forma automática decidí optar por una carrera en la que fuera al 80 por ciento de mis recursos. Eso quiere decir que empezaría fuerte pero no a tope esperando acontecimientos. La idea sería andar en los repechos fuertes y correr en las subidas suaves pero siempre sin forzar a tope. Últimos nervios y un verdadero deseo de que comience todo para relajarme por fin.
El recorrido no engañó desde el principio: comenzaba con una fuerte subida presagio de las venideras. La  hice corriendo suave para ir calentando. Saludos a Arantxa, que esperaba un poco más adelante, y arriba. Mi idea era funcionar por sensaciones sin mirar en ningún momento el Fore. Justo en el primer avituallamiento (km. 12) tenía pensado echar un gel en la botella de agua que me dieran, para írmelo tomando en los kilómetros finales.
Debo decir que desde el primer momento me vi sorprendido por la dureza de las rampas que iban apareciendo: si una era fuerte, la siguiente la sobrepasaba, si en aquella el terreno era resbaladizo y peligroso, en la otra embarrado y sinuoso. En alguna zona había algún cortado con volados que ralentizaban la marcha ante el peligro de una muy mala caída. Pasado algún tiempo comencé a notar que el primer ritmo que me había impuesto empezaba a pasar factura en mis piernas por lo que comencé a bajarlo para reservar mis cada vez más cargados músculos. Me empezaba a parecer increíble cómo la gente lo podía seguir manteniendo ante la dureza del recorrido. De esa forma, con la cabeza fría,  fui perdiendo poco a poco algún puesto esperando recuperarme con posterioridad a partir de la bajada hacia el refugio, aprovechando mi resistencia.
Por desgracia, una cosa son nuestros planes y otra muy distinta la realidad, empeñada a menudo en fastidiarnos. Los planos cada vez más inclinados, o eso me parecía a mí, me obligaron a replantearme sobre la marcha lo ya una vez modificado. Bajé de nuevo el ritmo pero esta vez a la desesperada porque los síntomas que tenía eran preocupantes. Lo peor, la cabeza, sin duda mucho más lenta a la hora de asimilar lo que estaba pasando: me encontraba a punto de reventar y la amena charla que una pareja de corredores que me acababan de pasar mantenían,  hicieron mella en una maltrecha moral. Ya me costaba no dejar que se fueran separando de mí.
No sé si a alguien le ha ocurrido en alguna ocasión pero en un momento dado de la carrera a veces sentimos que se está acercando el punto crítico: todo va mal y ni en el peor de los posibles trayectos soñados cabía esa situación por lo que no estamos preparados para ella. El barco se hunde sin que podamos hacer gran cosa por evitarlo.
Con celeridad intenté sobreponerme. Busqué una tabla de salvación y decidí mirar el Fore pensando que ya debíamos estar cerca de la bajada al refugio que señalaría la mitad del recorrido. Lo miré con nerviosismo. Parecía que había vuelto al instituto momentos antes de recibir esa nota que iba a marcar mi destino en las siguientes semanas. Busqué el kilometraje como el náufrago algo a lo que asirse tras el hundimiento…
La visión fue una decepción más. Todo se había desmoronado: apenas llevaba seis kilómetros y cien metros. Demasiado sorprendido para asimilar el golpe, volví a mirar incrédulo el maldito aparato para cerciorarme del desastre. Fue entonces cuando me entró el pánico. Recordé que Arantxa había barajado la posibilidad de acercarse andando al refugio para verme pasar por allí y pensé en abandonar a esa altura de la competición con la seguridad de que me daría ánimos y justificaría mi acción. A pesar de ello no encontré el alivio que esperaba porque me parecía increíble que mi cuerpo pudiera aguantar si quiera otros seis kilómetros de tanto sufrimiento. Fue entonces cuando de repente conseguí reponer un tanto mil maltrecha cabeza y comenzar a pensar de forma positiva. Estaba corriendo una carrera de 21 kilómetros, todavía iba muy bien posicionado y, por muy mal que me encontrase, mi mente no podía asumir realmente una retirada así. Desde mi punto de vista era indefendible.
Decidí esta vez sí, reconsiderar por tercera vez mi estrategia y aplicar mi último recurso, un viejo truco aprendido de mis años de alpinista cuando las copiosas nevadas convertían en una trampa algunos recorridos de montaña. Entonces dejaba que mis piernas fueran marcándome el ritmo por muy lento que éste le pareciera a mi impulsiva cabeza. De este modo fui perdiendo puestos sin que el paso de la primera clasificada, a la que había vencido en Muniellos, me sirviera de estímulo dado el mal estado de mis piernas.
Aunque para mí fue doloroso, si puedo decir que resultó eficaz porque conseguí, por fin, un ritmo de carrera soportable y, sobre todo, un objetivo muy claro. Así me acerqué hasta la primera y larga bajada hacia el refugio con la esperanza de resolver la mayoría de mis males. Si no vinieron más desánimos ni más abatimientos fue debido a la fuerza que adquirió para mí el deseo de cumplir mi meta. Cualquiera que haya bajado rampas en la cornisa cantábrica sabrá a lo que me voy a referir. Con el suelo mojado, la mezcla de piedra, hierba rasa y barro era una trampa mortal que me obligaba a retenerme en exceso en la bajada con el consiguiente castigo de mis cuádriceps. La falta de costumbre ayudaba a ahondar más el problema. Todo el mundo parecía ir más deprisa que yo y sus dolorosas caídas no me valían de consuelo ni me ayudaban a ir más deprisa. Ahora sí que tenía la sensación de que las piernas me iban a fallar de un momento a otro, tanto, que para mí fue un alivio llegar a las zonas más llanas que rodeaban el ansiado refugio: isotónico, medio plátano y, pasando por completo ya del gel, de nuevo me lancé a la subida con el ánimo del que va a trabajar a las seis de la mañana.
Esta vez tuve mucha suerte porque al poco de empezar a ascender me pasó la segunda clasificada y su ritmo para mí fue un bálsamo reparador. No tuve más que seguirla en el ascenso sin otro ánimo que mantenerme así hasta la llegada. Curiosamente logré incluso reponerme desde entonces, llegando a dejarla en las zonas llanas y en las bajadas sin que a partir de ese  momento me pasaran muchos más corredores. Para mi este hecho fue fundamental dado que, después del primer paso por el refugio, quedaba otro tanto de subida semejante a la ya hecha y pareja bajada, esta sí un verdadero tormento que me obligó a bajar andando a ratos para dar descanso a unas inseguras piernas. Una lástima que no pudiera hacer un par de últimos kilómetros a tope para conseguir bajar de las cuatro horas. La pendiente, esta vez muy favorable, no valía de nada ante la imposibilidad de alargar una zancada por un terreno plagado de piedras sueltas. Imposible resistir con mi estado muscular tanta irregularidad sin caerme. Justo un kilómetro antes de meta me pasó, con una envidiable potencia, la corredora que quedó segunda clasificada que también le arrebató a la que me sirvió de liebre su ya casi seguro segundo puesto. Sin más acabé una, a pesar del fracaso de mi estrategia, muy bonita carrera, con unos paisajes espectaculares que me siguen invitando a probar de nuevo.

Permitidme un último consejo: todo el que quiera un reto corto pero intenso, que pruebe con este fabuloso trayecto, que con el tiempo puede convertirse en un verdadero clásico.

29 de octubre de 2012

La Integral

Ayer tuve ocasión de descubrir la Integral de la Pedriza. Algo que merece una entrada en este espacio.
Así que de buena mañana, con -2º de temperatura en Villalba nos fuimos Dioni, Fernan, Mikel, Luis y yo para Manzanares en Real en la megafurgoneta de Dioni que me trajo entrañables recuerdos de una antecedente suya "la Amparo" que alguno que lea esto recordará.
A pesar del fresquete se podía aguantar con pantalones cortos y de esa guisa cruzamos el puente en dirección a nuestro primer objetivo: La pradera del Yelmo.
La integral es un recorrido que no puede dejarte indiferente. A la dureza de su recorrido repleto de desniveles, trepadas y destrepadas añade un sinfin de rincones mágicos, sacados de postales o escenas que recuerdan al Señor de los Anillos. Las rocas adquieren personalidad propia que va mas allá de las formas y de las apariencias que tengan. Fueron varios lo momentos en los que me costaba creerme unos a pocos miles de metros de la "civilización".
Es cierto que algunos pasos entre rocas me fueron complicados. La falta de práctica y el paso de los años, como no, hacen mella y lamentablemente se nota. Pero os aseguro que disfruté de cada uno de esos collados: de las Dehesillas, Carabina o Miradero, o del Cabrón por nombrar alguno. O de los farallones de Santillana, de las Torres, del Indio, de la vista de la Najarra  con la Cuerda Larga al alcance de apenas unos minutos....
Gracias al conocimiento del recorrido por parte de  Fernando, de la animosidad de Luis, siempre sacando una sonrisa de los demás, del buen ánimo de Dioni (cada vez más en forma) y del compañerismo de Mikel disfruté de una mañana fria, con algunas placas de hielo, pero luminosa, plena,  que os aseguro para mi será ya inolvidable. Porque, volveré a la Pedriza. Volveré a la Integral. Pero la primera, siempre es la primera y creo que salvo por el tropiezo y caida de Mikel en el tramo final (sin aparentes graves consecuencias) todo lo demás fue exepcional.
Gracias compañeros. Gracias Pedriza.



26 de octubre de 2012

Maratón Solidario: Objetivo conseguido. (por Dioni)


Hace unos días se celebró la Maratón Solidaria de Montaña de San Lorenzo de El Escorial, Dioni nos cuenta sus sensaciones durante la misma:


Bueno lo primero agradecerle a Mikel  esta oportunidad de escribir en el blog de los locos y a todos los demás locos por sus apoyos y ánimos, bueno empecemos que me enrollo...

Sábado 20 octubre 6:00 am


Suena el despertador, después de haber pasado una buena noche sin demasiados nervios, me despierto con un hormigueo en el estómago, me pasa siempre que voy a alguna carrera, pero esta es especial para mí ya que es mi primer Maratón de montaña, así que el hormigueo es más intenso. Empezamos con el ritual del desayuno, batido de  Herbalife (aprovecho y me hago un poco de publi) y un platano, me pongo la ropa de batalla, preparo ropa por "sí acá" en la mochila (por cierto, luego no use nada). Utilicé los consejos que Prisi nos dio por el whatsapp, ropa de quita y pon "rápida" (manguitos, chaleco, etc).

Cuando termino con todos mis preparativos, veo a mis pomponeras preparadas esperándome ya para irnos en busca de Gonchu , mi padre y José Gym, camino de San Lorenzo del Escorial,  que es donde comienza mi gran objetivo del año, mi primera maratón y de montaña, junto a mis compañeros antes mencionados e Iván (el hijo del mudo) y  su amigo David.

Llegamos a San Lorenzo del Escorial , buscamos un aparcamiento que nos facilita mi amigo, el gran kike (policía de San Lorenzo), otro "loco", después de saludarle y explicarnos algo de la carrera, nos ponemos camino de la salida para recoger dorsales y entre que nos juntamos todos y no paramos de hablar de la carrera nos llaman ya para la salida y ni hemos calentado ¡Empezamos bien!

Cuenta atrás y todos a correr, se acaban los nervios y solo pienso  en ir controlándome  para no cometer ningún error y terminar la carrera (soy novato), nos agrupamos Niki, Gonchu, José y yo. Iván y David van por delante, nosotros llevamos un ritmo tranquilo porque nos queda mucho, a los pocos km Gonchu le dice a Niki que tire él, que va más fuerte que nosotros. Nosotros a nuestro ritmo seguimos detrás, empieza la subida y empiezan los tapones, comenzamos a andar, según vamos subiendo a Abantos se empieza a estirar la carrera, nosotros seguimos los tres juntos andando/corriendo a nuestro ritmo, coronamos y empezamos a  bajar por la loma, ya corremos a buen ritmo hasta llegar al avituallamiento del km 11,5 donde Gonchu nos da la noticia (que ya nos llevaba diciendo toda la semana) de que se va ya para meta, que hace la media maratón, es lo más sensato ya que arrastra una lesión y lo mejor es recuperarse bien, le despido diciéndole que la próxima la tenemos que terminar juntos.

José y yo seguimos camino de Robledondo, por caminos que no nos esperábamos, pista casi nada, todo campo a través y caminos muy bonitos (recomendable 100%) para mi gusto. Llegamos al avituallamiento de Santa María de la Alameda, en el km 19 según organización y el 16,5 km según mi garmin, seguimos hacia Robledondo y ya casi llegando, a lo lejos veo a una fotógrafa que me suena, es una de mis pomponeras (Arantxa, mi mujer) que empieza a animarnos como una loca y nos acompaña corriendo hasta el avituallamiento que esta situado en el centro del pueblo de Robledondo, donde nos espera mi hija Iratxe, mi padre y Nuria (la chica de Iván)



Allí bebemos un poco y comemos, fotitos de rigor y a seguir, casi me ahogo con una avellana mientras corría, ¡qué mal lo pase!

Salimos de Robledondo y nos espera otra súbidita en la que vamos andando, hablando y comentado que esta yendo bien la carrera, al coronar nos juntamos con un corredor del tierra trágame, que es por cierto de los pocos que lleva todas las ediciones del MAN terminadas, con el que comenzamos la bajada y compartimos km que pasan muy rápido ya que no paramos de hablar, en otra de las subidas nos encontramos con David, que nos comenta que va mal con los gemelos, nos acompaña unos kilómetros, pero nos dice que tiremos que el no puede, le damos unos ánimos y continuamos, llegamos al avituallamiento del km 32, allí nos dicen que ya es todo bajada menos dos rampitas así que nos lanzamos camino de meta. La bajada es muy bonita, con un zigzagueo entré pinares hasta llegar a una pista, donde en el último avituallamiento nos dicen que nos quedan 3 km. Parece que esto está llegando a su fin y lo empiezo a notar en los nervios, vuelve el hormigueo, seguimos bajando y cogemos  ya la carretera donde empiezo a notar los cuadriceps cargadísimos, nos dicen que queda 1 km y empezamos a ir más rápido, le digo a José que como no baje el ritmo no llego, que tengo los cuadriceps rotos, pero entre la gente que animaba y el ver la meta al fondo con mis pomponeras , mi padre, Gonchu y Niki se me quitaron todas los dolores .

Entramos en meta, mi compañero de fatigas y amigo José y yo con un tiempo de 5 h 25 min, y con un abrazo culminamos este objetivo que nos habíamos marcado para este año.

Felicitaciones y abrazos con los compañeros , familia, amigos. Ahora a pensar cual va ha ser la próxima ..................... Ya tengo ganas, esto es sólo el principio de muchas, como me dijo un gran corremontes.

Muchas gracias a todos los locos del cerro por enseñarme este mundo de locos, es un honor correr con gente como vosotros y espero poder seguir haciéndolo mucho tiempo, gracias.

Muchas gracias a mis chicas, mis pomponeras, mi vida, por acompañarme a todas mis locuras, a Gonchu por esos kilómetros compartidos hasta el 11,5, sus ánimos y entrenos que nos hemos marcado juntos y que me han venido de lujo, a Niki por estar allí esperando y animarnos, a mi Padre, a Iván (el mudín), recupera ese pie, eres un MAkINA  (la próxima la bordas), al señor del tierra trágame (no me acuerdo de su nombre) por sus consejos y su charla que nos hizo los km más cortos,a la organización, que se ha portado muy bien y se ha currado mucho el recorrido y un "GRACIAS" para mi compañero de fatigas, José. un tío grande.            

               ¡OS ESPERO EN LA PRÓXIMA!
                                    GRACIAS Y MIL GRACIAS 


                                                     Nos vemos en la montaña !!!

19 de octubre de 2012

Un fracaso no es una derrota.

Leyendo un anterior post de nuestro compañero Fernan me he animado a redactar unas líneas sobre una crónica de la cual no tenía pensado escribir.

Agárrense que va en "achendere";

Imagínense por un momento una carrera que se afronta con sensaciones de tristeza desde el principio cuando tienes la casi total seguridad que no la podrás finalizar y quedando un pequeño atisbo de esperanza para que una casi curada lesión no resurja y puedas disfrutar de unos kilómetros con los compañeros que tanto has entrenado para ésta carrera.
Con éstos últimos pensamientos afronté mi primera Madrid-Segovia viendo los 100km como una lejana distancia que seguramente no alcanzaría.


Ya desde muy temprano viajando con compañeros en el autobús dirección Madrid, fui pensando en cómo hacer para que mis pies no sufrieran en exceso y la lesión no aflorase. En vez de ir de risas con mis compañeros, fuí re-estudiando la técnica a seguir.

Por suerte el ambiente en Plaza de Castilla era muy bueno. Compañeros del club, algunos conocidos y muchas ganas de correr kilómetros eran las sensaciones que notaba a mi alrededor, algo que quizás yo no podría emanar... Sin darnos cuenta comenzamos la salida y muy pronto comprobamos que se distanciaban algunos de nuestros compañeros y fui con los que más tranquilo se lo tomaron. 
Así fuimos disfrutando kms Chema, Carlos, Halfon y yo. Sentí el enorme compañerismo de Chema que compartía su experiencia en esta carrera ya que en todo momento fue pendiente de nuestros ritmos y mimando cada una de nuestras zancadas.

Saliendo de Madrid y pasando cerca de mi querido Valdelatas empecé a notar que la zancada no era cómoda ni larga y sobre todo en el caminar. Esto me hizo sufrir porque andando suelo ir rápido y esta carrera la orientaba para andar bastante.
Tiro muy pronto de los bastones y pienso que ha sido una acertada opción haberlos llevado para esta ocasión. Al salir del primer avituallamiento de Tres Cantos y aún cómodo decidí no forzar nada y ser el último del grupo. Ésto se acentuó cuando empezamos a distanciarnos Carlos y yo de Chema y Halfon.

Según pasaron los kms el piramidal me avisa y mis compañeros me alertan que tenga cuidado, pero afortunadamente me recupero rápido y continúo pero sin mi zancada normal.
Casi llegando al avituallamiento de Colmenar noto "algo" en el pie izquierdo y siento que es la lesión que está ahí viva, siento como la pequeña esperanza que tenía se desvanece rápidamente, pero sigo mi camino e intento disfrutar de los ánimos de los voluntarios y corredores. 
El calor que se nota en ascenso pero eso no evita que lleguemos a Colmenar y recarguemos pilas.

El camino hasta el Puente medieval se nota como distanciamos con Halfon y Chema. Una vez allí estaban los enormes e incondicionales Dioni y familia que me alegra enormemente verles. Aquí ya iba sufriendo porque me costaba seguir el ritmo y eso no era normal.
Decidí seguir y el camino hasta Manzanares se me hizo duro por el calor haciéndolo detrás de Carlos ya que trotando ganaba mucho terreno pero andando lo perdía exageradamente.

En Manzanares, mis compañeros partieron y yo descansé un poco mas, me tomé tiempo. 
El camino a Mataelpino fue mas duro porque llegando si noté como el pie sufría un poco y la llegada a éste avituallamiento fue muy deseada. Hablamos con los de protección Civil que curiosamente eran de C. Villalba y me dieron reflex en el pie.

Chema se interesa por mí y le digo que continuaré pero sin prisa, y quedo descansando justo al lado de la genial fuente del avituallamiento de Mataelpino y con buena música de fondo.
Descansando, no olvido un tema que ese momento me hizo mucho pensar y sin quererlo me carga las pilas (Phil Collins - In The Air), tanta energía desprende este tema que me empuja a levantarme y seguir sin apenas esperanza de una meta, simplemente por la sensación de ir a terreno conocido y disfrutar de terreno mas montañoso. "Hoy lo demás da igual".


Esta parte de carrera en dirección a la Barranca noto que la lesión aflora un poco hace que no pueda andar como quisiera. Algún amable corredor se interesa por la cojera que arrastro y me dice que si estoy bien, le contesto que quizás no llege a Segovia con una sonrrisa.

Por primera vez en la carrera me paro en el acceso a la Barranca porque sufro de verdad, y algún voluntario en Quad me da reflex en la espalda y me dice que si estoy mal me sube. Le digo que no que de momento puedo llegar.
En el avituallamiento mis compañeros me echan la bronca y siento como la llegada al tan deseando descanso se me hace mas duro de lo normal, seguidamente me entero que Carlos había decidido retirarse de la carrera y no continúa.
Decido llegar hasta Cercedilla donde espero estarán mis chicas animando. Sé que llego, pero no debería forzar más de Cercedilla. Se lo comunico a Chema y Halfon, pero no les sienta bien y se enfadan conmigo. La noticia no les gusta y ellos continúan, yo quedo un rato tumbado en un banco mirando el cielo que empieza a perder luminosidad. 
Decir que la genial mujer de Chema me comenta que si me encuentro mal me viene a buscar a la Fonda Real. Muchas gracias, gran detalle.

La salida hacia Cercedilla es dura porque cojeo un poco mas y me cuesta pisar. Por el camino charlo con una simpática mujer que iba andando a muy buen ritmo, me pregunta y le comento que no voy bien y me anima para llegar a Cercedilla. Este tramo me pongo el frontal y luz trasera.
Curiosamente empiezo a correr y me siento bien de patas, pero el pie izquierdo alerta en cada pisada. 
Llego rápido a la Fonda Real y sin darme cuenta corro hasta Cercedilla. Llegando al polideportivo de Cercedilla me encuentro a Chema, Carlos, Alex, Ricky, Hugo, MA Vallejo, que iban a pillar el coche para ir a Segovia. Chema me dice que está mi madre, mi mujer y mi pequeña esperando en el avituallamiento y me dice MUY SERIAMENTE que ni se me ocurra seguir.

Llego al avituallamiento de Cercedilla feliz de ver a mi madre que que no suele venir a carreras y a mis chicas. Soy feliz. 

Voy a sellar mi último avituallamiento y pillo la sabrosa paella. Por un momento pienso que podría seguir y seguramente llegaría, pero es muy arriesgado porque la lesión ahora se agravaría seriamente. Ahora sí, decido definitivamente quedarme.

Como 2 platos de paella, charlo feliz con mi familia y parece que no me afecte mi decisión. 
Como es tarde para la peque decidimos irnos. Sentado en el asiento de atrás veo a un corredor con su frontal, su mochila y su luz trasera que se pierde a lo lejos, por dentro le deseo suerte.

Pienso que otro año intentaré ser yo el que continúa desde Cercedilla con esa mochila, ese frontal y abrigado para afrontar el Puerto de la Fuenfría y llegar al acueducto de Segovia.

Hoy es un día duro, no ha sido una gran carrera pero es mejor así. 
Sigo aprendiendo.


18 de octubre de 2012

A veces las cosas no salen como uno esperaba

Si el mundo del ultratail y de las carreras de montaña no fuera duro, con toda probabilidad no lo hubiera elegido como actividad o ya estaría cansado de ellos. El miedo, la falta de seguridad al afrontar incluso los entrenamientos, es un acicate más que sirve de revulsivo para seguir probando una y otra vez. Es como si ese temor a no estar a la altura fuera una vuelta a los inicios, a ese primigenio deseo que nos llevó a esta afición. No sé si alguien llega en algún momento, al enfrentarse a largas distancias, a adquirir la suficiente certeza de que las circunstancias se desarrollarán como su mente lo ha ido imaginando a lo largo de los días previos, pero en mi caso, no termino de relajarme hasta que todo empieza.


Así afronté el pasado 22 de septiembre la Madrid-Segovia con la intención de mejorar los tiempos del año pasado e incluso con la esperanza real de pisar podium en la clasificación por equipos. Sin entrar en los pormenores de por qué tuve que abandonar (quiero que pase el tiempo y poder así tener una visión más pausada de todo) quisiera reflexionar en voz alta sobre las sensaciones que me fueron invadiendo según fui siendo consciente de que esta vez el sueño no había sido posible y de lo mustios que pudieron llegar a ser los inmediatos días posteriores.

Al principio vamos tan mal que en lo único que pensamos es en dejar de sufrir sin sentido porque todo esto no deja de ser un pasatiempo y es fácil buscar motivos para abandonar y muy difícil pensar en justificaciones para seguir adelante. Esta satisfacción tras el abandono definitivo (en mi caso la mente estaba ausente ya kilómetros atrás), dura el mismo tiempo que vamos necesitando para recuperar el cuerpo de tal modo que poco a poco los padecimientos parecen menos y las pequeñas dudas que tuvimos esporádicamente al dejar la carrera, van acrecentándose de manera proporcional. Ya no tenemos tan claro que ‘necesitáramos’ tirar la toalla al tiempo que vemos que otros van consiguiendo sus merecidos objetivos. Su enorme felicidad, muy por encima de todos los enormes sufrimientos que en muchos casos habrán pasado, pone en duda tu tesón ahondando más en dichas vacilaciones. Quizá debiéramos haber aguantado un poco más; quizá tendríamos que haber descansado e intentado seguir, quizá, quizá, quizá,…

Y todo esto no ha hecho más que comenzar. A lo largo de los días siguientes, con aquellos tormentos pasados cada vez más suavizados y más diluidos en tu memoria, tendrás que ir contándole a un nutrido grupo de conocidos (más numeroso cuanta más gente hiciste partícipe de tu proyecto) cómo acabaste rindiéndote ante el colosal esfuerzo. En muchos casos te duele más ver la confianza sincera que muchos tienen en tu éxito y la decepción de sus miradas, que tu propio fracaso. Su franqueza es una punzada más en una moral alicaída. A veces te sorprende no sólo la cantidad de personas que saben que corres sino la de ellos que muestra interés por tus andanzas. Ahora te parecen muchos más de los que desearas aunque, como es lógico, rememoras con ellos en una y otra ocasión (eso sí, cada vez más resumida) la historia de tu decepción.

También es verdad que no hay mal que cien años dure y que las ganas de demostrar que sigues ahí son un verdadero aliciente para afrontar unos entrenamientos que una semana antes mostraban ya signos de cansancio. Ahora, sin embargo, has recuperado milagrosamente el deseo de correr, de ‘darte caña’. Incluso te gustaría que la próxima carrera estuviera ahí mismo, a la vuelta de unos días. Mientras los que terminan descansan, pausando un poco su ritmo, tú vas a la contra, a una velocidad meteórica…

¡Mucho ojo con ese prurito ‘carrerista’! Puede atragantársete en la siguiente…

17 de octubre de 2012

Las mil y una carreras por el Cerro

Parece que nuestra Cerro del Telégrafo, con Cabeza Mediana, Peña Redonda y Pico Martillo, da mucho de sí. Tenía curiosidad de ver un mapa con unos cuantos tracks unidos... ¡Increible!


Y no están todos los que son...

7 de octubre de 2012

IN MEMORIAM



Nunca pensamos que este monte, 
que tantas satisfacciones nos da,
tantas alegrías, tan buenos momentos,
a veces, algunas veces,
como un desgarrador cuchillo helado,
puede clavarse en nuestro pecho,
quemando nuestras entrañas.
Recordarnos que  allí donde están
nuestros júbilos permanecen agazapados
nuestros miedos y nuestras desesperanzas.

Hoy quiero gritar, mientras corro desesperado
por estos caminos tantas veces hollados,
que nos ha derribado un golpe brutal
pero que seguimos vivos.
Que con dolor continuamos creyendo en lo que hacemos.
Que aunque las lágrimas enturbien estos bellos paisajes,
tantas veces contemplados
seguimos corriendo por Teresa
y por todos aquellos que comparten sus ilusiones,
esas sí, nunca truncadas.


(En la cima de nuestro Cerro)

Magovia 2012


Buen nombre para esta carrera, visto por primera vez en el twitter de Mayayo hace unos días, a lo largo del día fue ganando puntos como denominación futura de la prueba.

Y este agobia tanto, con su asfalto, sus pistas polvorientas, el terrible calor y la falta de agua y señales, que por fin he decidido dejar de sufrir a lo tonto y dedicar a partir de ahora mi tiempo a otro tipo de carreras, no sé si más cortas o más largas, pero seguro que más montañeras.


Y es que no me quiero engañar más, la “Magovia” no me gusta, tal vez en otra época del año sus primeros kilómetros no fueran tan sumamente feos y no se entraría con treinta grados y un sol de justicia en la zona de la Barranca, tal vez con otros organizadores el agua no estaría restringida a 350ml (que aunque lo parezca no es lo mismo que 500) y los últimos kilómetros, esos que haces a oscuras y muy cansado estuviesen bien señalizados... Como veis, durante la carrera e incluso ahora, no le encuentro más que peros, por lo que es mejor dejarlo y dedicarse a otros menesteres.

Pero no culpo a nadie, ha sido mi tercera participación y sabía lo que había, tenía la tranquilidad de conocer bien el terreno y no estar preocupado por las inexistentes señales, eso hizo que en los últimos kilómetros tuviera que dar unos cuantos gritos para alertar a aquellos corredores que iban por delante y se alejaban del “buen camino”. Por supuesto, tampoco culpo a los esforzados voluntarios que hacen lo que pueden con escasos medios y una sonrisa en la boca mientras notas como sienten profundamente no poder darte una botella de agua para rellenar un bidón tras haber pasado ocho kilómetros bajo un sol de justicia en una pista polvorienta.

Como dicta la tradición, el primer kilómetros se hizo en grupo, con los más y los menos rápidos en comunión, esta vez fue difícil unirnos, ya que muchos marchadores se colocaron en las primeras posiciones de la salida y entre esquivar a unos o evitar los bastonazos de otros se rompió un poco el “hermanamiento”. A partir del segundo kilómetro se formó el grupo-equipo que pretendía llegar a Segovia: Ppong, Prisillas, ElhermanodAlex, Vallejo y un servidor trotaron sin descanso hasta Tres Cantos, siguieron hasta el río que lo separa de Colmenar y comenzaron a caminar un poco camino del cementerio colmenareño.

Poco a poco, la falta de entrenamiento se hizo notar y el calor y las rodillas nos quitaron a Luis en el Puente Medieval, de nuevo nos íbamos a quedar con las ganas de entrar juntos en una ultra... Fue por eso el siguiente, hasta Manzanares, un parcial anímicamente malo, lo que unido a encontrarme a Biri retirado antes del castillo me hizo dudar durante tres segundos de si debía continuar. Los ánimos de Aran, Ángela, Biri, Pels y Miguel no me permitieron volver a pensar en ello.

Pasé buenos ratos en el siguiente tramo, tranquilos, sin prisas, tenía en mente la fuente de la ermita en El Boalo, y sobre todo, la maravillosa fuente de Mataelpino... mojarme allí la cabeza es una de las mejores cosas de toda la carrera. No obstante, tenía en mente lo que esperaba, esa terrible Barranca, su calor y su falta de agua... llegué bien hasta el cruce donde nos esperaban nuestras “mamás”, aquellas que tan bien nos han cuidado, pasé con cierta soltura la zona de senda, pero una vez llegados a la pista el calor, el polvo y los dos puñeteros kilómetros hasta el avituallamiento me mataron.

Pero uno va siendo perro viejo en estas lides, en una carrera así puedes ir sobrado y caer al infierno en dos minutos o renacer de unas brasas que parecían apagadas. Sabía que me iba a recuperar, solo necesitaba dos minutos de descanso y un poco de agua que echarme al gaznate. Tuve que conformarme con un poco de Coca Cola caliente, ya que si me bebía el agua no podría rellenar el bidón, y di gracias por poder acceder a una silla durante un rato (había bancos ocupados por cajas de agua y demás en los que los corredores no podían sentarse, e incluso vi como abroncaron a un chaval, muy cansado, por sentarse en una caja).

En ese momento, más por mala leche que por haber descansado lo suficiente, salimos hacia Cercedilla, donde nos encontramos con mucha gente a la que saludar y pudimos descansar al sol del patio, ya que este año tampoco podíamos acceder al interior del edificio para resguardarnos con un poco de sombra.



Con muchas ganas de acabar con todo de una vez, cometí el error de no esperar a David Vallejo, que se había quedado un poco antes de llegar a Cercedilla. La verdad es que no dejo de darle vueltas pero ya nada puedo hacer, no es la primera vez que lo hago y supongo entonces que tampoco será la última, no obstante, me lo apunto para intentar evitarlo en futuras ocasiones.

Poca chicha de allí a la meta en mi caso, tenía fuerzas y el calor ya no molestaba, la subida a Fuenfría fue buena y la bajada mejor, con fuerzas y ganas para mucho más. Por desgracia, los pies de Prisillas no estaban para muchos trotes y Ppong sufrió bastante “de lo suyo”, así que nos dejamos llevar poco a poco hasta el acueducto.

Muchas horas, gran compañía, y mucha gente esperando en meta, alegrón al verlos a todos, sobre todo a Luisete, a quien va dedicada sin duda esta carrera y con quien algún día terminaré alguna ¿verdad?

1 de octubre de 2012

Un día muy triste...



Desde lo más alto
mientras se pone el sol,
un grito de dolor y rabia rasga el aire.
Hoy la tribu de los corremontes
llora en las cumbres.
Descansa en paz, Teresa. — en Canto Hastial.

26 de septiembre de 2012

Un paso adelante.

Concluida la Magovia 2012 quiero compartir con vosotros algunas conclusiones. La crónica, más o menos al uso la dejo para mi Blog.
Después de las experiencias anteriores en pruebas ultras dentro del ámbito de la competición esta cita era importante para mí. Interiormente necesitaba comprobar si definitivamente me iba adaptando a estas distancias o si por el contrario, se escapaban a mis posibilidades.
Tengo que deciros que me siento satisfecho del resultado del sábado pasado. Refiriéndome a la gestión de la prueba como tal. Era fundamental que afrontara este reto de una forma más relajada por un lado, y por el otro, realizar una buena lectura de los momentos buenos y peores que a lo largo de tantas horas se suceden. Creo que mayoritariamente lo conseguí, aunque quienes realmente podrán certificarlo sean mis compañeros de viaje. Especialmente Mikel que ya ha compartido conmigo otras pruebas de este calado (el examinador).
Durante el día escuché varios comentarios que me encontraban más sonriente y relajado. Cuando llegaron los momentos de euforia muchas veces me contuve resguardándome a la cola del grupo, para no tirar de más. Cuando vinieron los peores momentos de problemas en los pies, cierto que alguna maldición se escapó (¡joder, con lo bien que iba…!) pero fui gestionando los “remiendos” y los ritmos que el equipo imponía en cada momento.
Con el paso de las horas sí que he encontrado una gran laguna. Una asignatura pendiente: DISFRUTAR DE LA META.
Llega uno tan cansado, en este caso con los pies desechos, que se olvida de disfrutar de lo conseguido y sobre todo, de la presencia de tantos AMIGOS. Una pena realmente porque será difícil tener a tantos reunidos con quien compartir algo así.
Así que os pido sentidas disculpas a todos lo que allí estabais, me faltó dar algunos abrazos, más conversación y alguna cerveza con vosotros para que hubiera resultado redondo. Otra vez será. Sigo aprendiendo.



21 de septiembre de 2012

Educación Trail.

A falta de unas pocas horas para comenzar un nuevo reto ultra por parte de la mayoría de los Locos del Cerro he tenido ocasión de leer esta noticia dentro de la publicación Post-UTMB que realiza la propia organización de la carrera.
Creo que merece una reflexión por parte de todos. Formamos parte de esto y por desgracia es cierto que el afán competitivo y la masificación de las pruebas han convertido al entorno, a la naturaleza en nuestro campo de juegos.
No olvidemos en respeto que le debemos. No perdamos el espíritu Trail que nos "engancho" a esto. No era llegar más rápido. Era disfrutar del camino.

19 de septiembre de 2012

Falta la guinda

Hoy a las diez de la mañana he terminado mi último entrenamiento para la Madrid - Segovia de este año, otra vez, casi sin darme cuenta, me veo inmerso en la locura de recorrer más de 100 kilómetros.
Y como últimamente me viene pasando ante estos retos, no hay nervios, el trabajo está hecho y todas las sensaciones que me ha traído la preparación de la prueba están dentro de mí. Esas nuevas rutas descubiertas en largas tiradas que no llevan a ningún sitio, esos dolores que te hacen dudar, aquellos amigos nuevos que encuentras en el camino...

Pero falta la guinda, aquella que coronará el pastel y dará paso a la siguiente aventura: doce, trece o catorce horas de doble A que darán para mucho, seguro que no faltan los chistes y las confesiones, las alegrías y las penas, el dolor y algo de sufrimiento, la sensación de plenitud de un reto logrado... el sábado es el día, y los locos lo vivirán juntos.

Aunque añoraremos a PepeDespacio, el primero que me hizo pensar en "tripitir" esta aventura y el único que al final se ha quedado fuera de la misma... por lo que el año que viene tendré que volver. Espero que todos esos "problemillas" se arreglen y vuelvas por tus fueros con energías renovadas. Un abrazo.

Y a los demás, agradeceros de verdad vuestra compañía y consejos durante esta dura preparación, hacéis que lo imposible sólo sea difícil ¡Aúpa!

¿A que en esta foto no parece que sea duro?

17 de septiembre de 2012

De nuevo en el hogar

Sevilla. Hace tan sólo unos minutos que ha bajado el mercurio de estar a la altura de los 30º. He vuelto a lo que hace un año se convirtió en mi primer hogar, en mi prisión. Aquí pasaba semanas más tiempo que en mi propia casa y con mi propia familia. Unas veces acompañado, la mayoría mas solo que la una. Aquí vi pasar muchos deseos e ilusiones. Ví como se esfumaban oportunidades en forma de horas, las fuerzas me huían y perdía fuelle para mi "desconexión". El tiempo pasaba y yo cada vez más hondo en esta ciudad profunda. Llegué casi a desfallecer en mi pasión en esta ciudad apasionada. El trabajo repicaba constante en mi cabeza en esta ciudad de repiqueteos. Pero todo tiene un punto y final y este lo puse como la mejor estocada, en todo lo alto.



Ahora he vuelto, para otros menesteres, nunca agradables, pero con la fortaleza de lo aprendido, con el cuerpo labrado por lo vivido, por el pasado. Hoy a Sevilla la hago mía, me subo a su tablado y taconeo. La interiorizo. Nos unimos a un mismo compás. Somos uno. La agarro por la cintura y giro una y otra vez con el rasgar de la guitarra de fondo. La beso en la boca y me sabe a néctar, me huele a azahar y me sueño... . Sueño. Así veo yo el sábado, como mi vuelta a Sevilla, como mi vuelta al MAM.

De nuevo al límite

Mi poca experiencia en carreras largas siempre me dice que es mucho más fácil tomar la decisión de apuntarse a alguna que llevar a cabo el reto.


Todo empieza un buen día cuando, quizá olvidada ya la última prueba que has disputado, decides de nuevo poner tus piernas al límite. Tu mente está fresca, tu cuerpo incólume, tus deseos como los de un niño. Comienzas a decir a unos y a otros en qué nuevo lío estás embarcado, sin pensar realmente que lo vas a tener que hacer.


Luego el tiempo, que todo lo diluye; los entrenamientos, cada vez más largos y más duros; los deseos, mitigados por mil vicisitudes… todo, se parece a esa pista ligeramente pendiente pero demasiado larga, a veces casi eterna, que nos va cargando las piernas sin prisa pero sin pausa, sutilmente, como el lento pero inexorable horadar del agua entre las rocas. Ese alegre deseo inicial se va convirtiendo en un pequeño monstruo, un voraz devorador de tiempo y esfuerzos que nos va minando el cuerpo.


Y así nos presentamos en esta última semana (sin duda de pasión) con el ‘trabajo’ hecho, en mayor o menor medida, pero con nada terminado. Concentramos todos nuestros esfuerzos pasados, lo bueno y malo de cada entrenamiento, en un único día de gloria o de fracaso. Ahora la mente juega malas pasadas. La decisión inicial queda ya muy lejos al lado de ese primer deseo. Lo tenemos ahí, lo hemos hecho otras veces pero el cuerpo parece no funcionar bien. Quedan lejos aquellas buenas sensaciones de algunas salidas y nos asaltan las dudas más allá del seguro sufrimiento. Sales a correr y las piernas nunca van lo suficientemente bien. Incluso surgen conocidas molestias que parecen querer impedir que hagamos lo tantas veces soñado: si no son los tendones, son los dolores de rodilla o un inoportuno catarro.. En definitiva, lo que era un placer comienza a convertirse en un nudo en el estómago. Ahora nos replanteamos nuestra primera decisión. Aparece el ‘miedo escénico’. Casualmente el trabajo aumenta y no podemos ni salir a correr. Todo se alía en nuestra contra.


Si siempre nos pasa lo mismo ¿por qué volvemos a este punto una y otra vez? ¿Qué nos lleva siempre a hacerlo de nuevo a pesar de los miedos y los sinsabores? ¿Qué indescifrable fuerza nos impulsa?




No es tiempo de dudas. La hora se acerca y ya sólo un único pensamiento nos debe ocupar: este fin de semana llegaremos a Segovia y disfrutaremos del placer de andar al filo la extenuación. Somos fuertes físicamente. Seguimos teniendo voluntad de hierro. No nos escondemos y deseamos con gozo que el sábado llegue. Sabíamos que sería difícil y por eso elegimos este camino. ADELANTE, LOCOS, SIEMPRE ADELANTE.

14 de septiembre de 2012

¡¡Vamos Locos!!

Como veo que estamos todos un tanto dormidos creo que es momento de agitar un poco nuestro espacio.
Soy consciente de que el verano con sus calores, vacaciones y vida social nos ocupa y nos dispersa más que en cualquier otra época. Pero, también es cierto que de una manera y otra nos hemos ido encontrando y hemos ido compartiendo km durante todo el verano.
Así que, con la llegada del reto de la Madrid Segovia donde casi todos vamos a tomar parte. Con el fin del periodo estival, con la proximidad de algún que otro próximo acontecimiento social importante es momento de retomar el pulso a nuestros retos, a nuestros sueños.
A pesar de la que esta cayendo y, pese a la que esta cayendo, como grupo podemos y debemos prestarnos el apoyo y la fuerza necesaria para afrontar el día a día, o al menos para hacernoslo más llevadero y eso se consigue gracias a la vuestra presencia en este rincón.
Sólo teneis que cerrar los ojos y recordar cualquier momento, en cualquier paraje, en la compañía de cualquiera de estos que somos locos.
Por los rincones que hemos pisado, que nos han escuchado reir y que nos han visto llorar. Por todos ellos y los que quedan por llegar ¡¡¡Vamos Locos!!!.




Hablemos del tiempo

Hola Locos, cómo parece que somos varios los que hemos visto que esto está un poco parado, he decidido moverlo un poco.

Intentando subir una entrada diferente he pensado en predicción del tiempo. Antes de nada, cómo creo que sabéis muchos, no soy meteorólogo ni nada parecido, y de "meter" cada vez menos, ya ni miedo, gggg.

Aunque es pronto y pueden cambiar las predicciones aquí va un pequeño análisis de los datos publicados en la web eltiempo.es.

Para empezar a la llegada a Madrid nos encontraremos posiblemente con el cielo algo nublado y con una temperatura alrededor de los 15º, con lo que la sensación térmica puede ser algo inferior. Así que sería importante pensar en alguna prenda "desechable" para protegernos en los momentos anteriores a la salida.
Llegando a Tres Cantos

Tres Cantos km 16 - Al igual que en la capital es probable que tengamos la suerte de que nos acompañen algunas nubes y la temperatura comience a subir. Posiblemente al paso por el control no llegue todavía a los 20º A estas alturas no debería haber mucha diferencia entre el paso de los primeros y el de los "tractores"

Colmenar Viejo km 27 - Las nubes que pudieran habernos acompañado deberían haber comenzado a disiparse y las temperaturas habrán subido por encima de los 20º.

Llegando a Colmenar
Si se cumplen las previsiones podemos pensar que tendremos suerte, si ya en las primeras horas del día las temperaturas siempre son más suaves, esa protección solar en forma de nubes puede ser un buen aliado. Recordar que en esta primera parte del recorrido no es que haya muchas sombras.

Manzanares el Real km 42 - Todo hace indicar que dentro de lo que cabe las temperaturas no serán muy altas. Las máximas previstas están en torno a los 22º - 24º, con lo que no es una temperatura muy alta tratándose ya de las horas centrales del día.

Mataelpino km 50 - Siguiendo la tendencia, y con la ayuda de la cercanía a la sierra parece que las temperaturas no aumentaran, si cabe comenzarán un ligero descenso.

Cercedilla km 63 - Aquí ya las diferencias entre los LDC, Doble AA, el resto y tractores serán mayores, parece que tendremos temperaturas por debajo de 20º para los más rápidos y más próximas a 15º para el resto.
Fuenfría
 A partir de aquí, no es fácil encontrar previsiones, pero lo que si es seguro es de que la temperatura en el Alto de la Fuenfría y en su ascenso será relativamente baja, por debajo de los 10º. Lo que hace importante llevar ropa de abrigo, si bien en el ascenso no sea tan necesaría por la propia producción de calor corporal por el esfuerzo, si será muy importante abrigarse en el Alto y para el descenso. Importante pensar en un cortavientos o chubasquero en previsión de que pudiera llegar a caer algún chubasco.

Segovia km 102 -   Posiblemente el rango en el que nos podemos manejar sea entorno a los 10º a media noche y los 7º para las primeras horas de la madrugada.



Recordar que todo esto son previsiones y puede cambiar la tendencia, pero si continúa en esta línea creo que podemos pensar en una climatología bastante aceptable. Y si ha de cambiar espero se sea con un descenso de las temperaturas, puesto a pedir.....

Lo dicho espero no haberos aburrido, y que los pocos y diminutos consejos que me he permitido introducir sean de gran ayuda para todos.

Nos vemos...

31 de agosto de 2012

Mi TP 60K (El desenlace)


....
¿Estábamos perdidos?, ¿tendríamos que retomar parte del camino?... Un pequeño agobio se apodera de nosotros ya que seguimos sin encontrar la pista que nos indique la dirección correcta.

Nos separamos para buscar alguna pista y decido ir en dirección paralela al río (ya que me sonaba de estudiar el recorrido sobre mapa en días anteriores). Empiezo andar un poco y al fondo veo algo entre unos setos justo al lado del camino... en el suelo parece que hay una cinta de colores roja y blanca, me acerco y ¡bingo! Seguramente algún niño habrá quitado el nudo donde estuviera atada y habrá volado ocultandola de nuestro campo de visión. Uf, ¡menos mal que la encontré! Silvo a mis compañeros de carrera para reunirnos y reanudar carrera y al comprobar que la cinta había sido literalmente arrancada, la atamos a la rama de un árbol para que desde la distancia se pudiera ver bien sirviendo para a otros corredores que viniesen detrás nuestro.

Al retomar, curiosamente no nos había adelantado ningún corredor y eso que perdimos bastante tiempo. Ya más adelante visualizamos otra cinta bien situada. Pasamos por los los arcos del puente de Navalacarreta y después de tirar una foto en la Boca del Asno al Onubense (que insistió varias veces en esa zona debajo del puente), éste empezó a hacer cálculos y de repente no le cuadraban los tiempos y se empezó a agobiar hablando sólo en alto. Noto que el chaval que nos habíamos encontrado hace poco empieza a tirar y los dos se marchan poco a poco, aprovecho para decirles “chicos, nos vemos en casa de la pesca, voy a ir más tranquilo” y justo una pareja de señores cincuentones me pregunta “¿vienes de una carrera?, ¿qué carrera es?, ¿desde donde habéis salido?” y tomo un poco de aire y sin prisa les explico en qué verengenal andamos metidos. Después de una rápida explicación la pareja queda muy agradecida y se despiden de mí entre aplausos deseándome mucha suerte.

De nuevo sólo, con siempre a mi lado el agradecido río Eresma intento recargar pilas concentrándome en un paso ligero y tomándome un gel para ver si recupero. Compruebo que estoy bebiendo mucha agua porque los bidones van totalmente vacíos y estoy tirando del depósito de agua (camel), espero no tardar mucho en llegar a la casa de la pesca porque hace bastante calor... Saco fuerzas y empiezo a trotar.
Llego a un bonito puente de madera que cruzo y me sitúo en la zona del Arroyo del Telégrafo donde después de un trote muy suave me adentro en una preciosa zona de helechos con bastante humedad que hace que vuelva a beber con ganas y notando que ahora sí me estoy quedando sin agua en el camel... Este tramo fue uno de los más bonitos de la carrera y de los más sufridos por el fuerte cansancio que notaba en las piernas. No pude saborear esta zona como hubiera querido (y queda pendiente para hacer una ruta) pero mi mente estaba en la "lejana" casa de la Pesca... La zona de helechos era interminable y empiezo a tener malas sensaciones, lucho por continuar y pienso en la suerte que tengo por estar atravesando estos lugares en los que siento como la naturaleza asoma, notando como los helechos rozan mis piernas y que cada paso que doy es menos distancia al próximo avituallamiento donde esta vez descansaré y mucho.. ¡vamos!

Sin darme cuenta entro a una pista asfaltada y sufro porque las piernas notan el cambio de suelo pero a lo lejos se asoma lo que parece ¡¡¡el avituallamiento de Casa de la Pesca!!! Dios, la carpa de pocos metros cuadrados eran para mi el mejor oásis que haya visto, la alegría me inunda y compruebo que está el Onubense cascando como un descosido con los voluntarios y el chaval que iba con él estaba sentado en el suelo reventado.
Nada más llegar me fichan el Control chip y me llenan los bidones de sales, cosa que vacío rápido porque me los ventilo rápidamente y vuelvo a hacer el mismo procedimiento porque no me sacian del todo. No hay mucha sombra y me siento en una roca donde las hojas de un árbol me cobija con escasa sombra, pero por fin noto algo de relajación muscular... una chica de la organización me dice “Ahí si que se está bien eh! (me guiña un ojo)” y la contesto con una sonrisa. Compruebo que el Onubense intranquilo empieza a retomar su marcha (esta vez no se para a hablar conmigo), y con prisas mirando su reloj no dice ni una palabra al chico joven que sigue sentado en el suelo y sale disparado, pienso "que alivio...”.
En el avituallamiento de Casa de la pesca.

Estuve casi 10min descansando y con algo de pereza me levanto a recargar el camel de mi mochila. Mientras lo hacen, observo como me lo rellenan con botellas de 2 litros y sonrío para mí disfrutando de tener de nuevo las alforjas llenas. Que felicidad.
Aprovecho para charlar, comer naranjas y para oír un comentario que era como que el primero de la carrera del GTP acaba de pasar hace pocos minutos por este avituallamiento y que ¡¡se lo han llevado al hospital!!, “¡ostras! ¡que bestia!, ¿cómo es posible?”. Pregunto y me informan que es Aitor Leal y que estaba batiendo todos los records de la prueba y que ha llegado haciendo eses, muy deshidratado y sin saber qué quería ni dónde estaba llevándoselo al hospital de Segovia rápidamente, ¡qué fuerte!
Estuve un rato hablando con simpáticos voluntarios/as y me comentan que sólo queda una dura cuesta, Navacerrada y lo demás que está “chupao” (no les creo pero me animaron). Decidí retomar saliendo de la acogedora sombra de la carpa, me ajusto la mochila y cuando me voy andando y doy tres cortas zancadas de repente me parece oir......
¡¡Espera!! ¡¡¡Gonchu!!!! ¡¡¡¡Campeón!!! ¡¡¡Joder esque eres la ostia, que grande!!!!
Pienso “no puede ser”, me giro y voy a intentar narrar una de las mayores alegrías de carrera porque cuando sinceramente no te esperas que nadie viniese a animar aparece corriendo un compañero, un enorme atleta, otro loco del monte, una persona excelente, ¡¡¡RAFA con su hijo!!! (se me pone la piel de gallina aún)
Nos dimos un abrazo enorme (sin importarle si iba oliendo a ñú o fuera empapado de sudor) y el personal del avituallamiento alucinaba viendo el gran compañerismo, ¡que orgullo!

Ver a alguien de este nivel en este punto de la carrera sinceramente fue clave para continuar el resto de carrera ya que me moló saludar a su hijo (futuro y prometedor deportista) y charlar unos minutos con Rafa que retomé con una energía distinta, renovada, es difícil expresarlo. Psicológicamente iba lleno de nuevo, Gracias Rafa por ese momento.
Saliendo de la casa de la pesca

Y aún con una sonrisa en la cara y habiéndome despedido entre gritos y palabras de ánimo de Rafa, continuaba por una subida en pista asfaltada donde las cintas nos desvían indicándonos una pista de tierra que intento hacerla corriendo pero decidiendo andar para que no se haga muy dura la subida. Llego a una zona que parece ser un descargadero de pinos y continuo por parte del GR10 donde una fuerte subida hace que siga andando y note el paso de los kms en las “patas”. Llego a otro descargadero de pinos, y entre el silencio del monte me pasa tranquilo el actual primero del GTP y me dice muy bajito “venga, ánimo”. De nuevo me encuentro bien, estoy disfrutando de esta parte del camino. Atravieso Arroyo Minguete donde mojo mi gorra y me la pongo fresquita en la cabeza que hace que me sienta bien por unos instantes (me encanta esta sensación) hasta que veo al fondo lo que será uno de los tramos mas duros de la carrera.

Comienzo de la dura Subida a Fuente de la Fuenfría.
Se asoma una pedazo cuesta de tierra y piedras sueltas con un porcentaje bastante elevado, tomo aire, comienzo a andar y no tardo en encorvarme por la dura inclinación del camino. No sé como se llama esta cuesta pero es la que yo llamo el "Tourmalet de la fuente de la Fuenfría",  hablando claro... ¡duro de cojones!
En mitad de la subida empiezo a recortar distancia a un chico con unos pocos años más que yo, que lleva zapatillas de asfalto, camiseta amarilla y dos bastones. En cuanto se da cuenta acelera el paso de subida y le sigo la rueda, no tengo prisa ninguna... Aún con una subida de este nivel y con los kms acumulados en las “patas” empiezo a disfrutar de la carrera de nuevo, ¡como me gusta subir!
El chico sube muy bien y no quiero adelantar, continúo mi ritmo sin levantar la cabeza demasiado ya que seguimos encorvados por el gran desnivel de la “jodida” cuesta... Se hace eterna, pero curiosamente disfruto. Miro de nuevo para controlar lo que queda de subida y en una de estas con vista algo borrosa por el sudor alcanzo a ver una silueta conocida bajando muy “deprisa”, espera... ¡no puede ser! Oigo...... “Gooonchuuuuu!! Campeoón!!! Aúpaa! Muy bien craaaaaack!!

La segunda vez que se me pone la piel de gallina en carrera y LA ALEGRÍA ME INUNDA en plena cuesta, en pleno esfuerzo y en la que creo que la cuesta más dura de la carrera un compañero aparece bajando con zancadas experimentadas (creo que alguna vieja ardilla de la zona seguramente ya lo conozca :-), con camiseta azul y blanca, mochila conocida por muchos, gorra transpirable, cámara en mano, (sonrío) y pienso “Joder, ¡¡que alegría cojones!!” Tengo que comentar que a partir de aquí, al que considero uno de los principales maestros que he tenido en carreras de montaña me llevó prácticamente en volandas hasta casi Navacerrada. ¿Cómo? Pues os iré explicando, primeramente la cuesta sencillamente se me hizo menos dura y sin darme cuenta vi al fondo un conocido camino que cruzaba perpendicular a la subida, y allí estaba el siguiente objetivo  ¡¡ La Fuente de la Fuenfria!! ¡bien!

En plena senda de los Cospes asoma entre pinares la que es para mí la fuente más bonita de la sierra madrileña con un caño que porta un chorro de agua limpia y fresca que hace las delicias de los montañeros. Al acercarme a la fuente me graba un chico de la organización y a su vez me “asalta” una persona de Cercedilla.tv grabándome en vídeo (minuto 24:27) y preguntándome en tono simpático si no uso bastones para subir, si hacía la carrera sólo, etc. Termino de charlar con el simpático hombre y aprovecho para ofrecer mi pulsera a un chico de la organización pasando el lector del Control chip, bebo "deliciosa" agua en la fuente y me refresco la cabeza, brazos, piernas y empapando de nuevo mi gorra.
Charlo un rato con los magníficos voluntarios agradeciéndoles su tarea y presentándoles a uno de los seis supervivientes de todas las ediciones del MAM y que ha venido a animarme. ¡Vaya nivel de avituallamiento!

Por la Senda de los Cospes.
Arranco sin perder mucho tiempo, de primeras me despisto y tiro en sentido contrario a la carrera y los voluntarios me indican el sentido correcto de la Senda de los Cospes ¡ups!, pequeño despiste. Sigo corriendo con Prisillas que no para de tirarme fotos, grabar algún vídeo (con resbalones incluídos), subiéndose a rocas, animando sin parar, etc ¡¡que lujo de pomponero!! ¡Para que quiero ir a la Zegama con gente como Prisi!.
Todo este tramo me sentía totalmente recuperado y feliz charlando con Prisi (aunque las piernas a veces se hicieran notar), iba comentando el transcurso de la carrera, preguntándole por los demás donde me entero que Alex y Ricki no continuaron carrera en La Granja (una pena, son unos tíos muy grandes y seguro que en otra ocasión la acaban con nota), también que Carlos y Chema seguían en carrera y que Alberto ha bajado un poco su ritmo en el GTP "menos mal, iba muy rápido, esta vez tiene que acabarla". Para mayor felicidad en un cruce de rutas comienza mi camino preferido, el remodelado Schmid.
Camino Schmid
No paro de correr, es más, disfruto cada piedra, cada pino y el olor que desprenden, cada grito de ánimo de Prisi, sintiendo como la carrera transcurre mejor de lo que pensaba hasta ahora saboreando las buenas sensaciones del esfuerzo en montaña. Adelanto al chico de la camiseta amarilla y seguidamente aprovecho para llamar a mi mujer y avisar que tardaré poco en pasar por el Pto de Navacerrada (espero poder verlas allí).
Nos adelanta el segundo del GTP y por lo que recuerdo que era bastante simpático
porque al animarle Prisi le preguntó sobre alguna duda del trayecto, cosa que Prisi respondió rápidamente facilitando la tarea a este rápido corredor.
Prisillas acompañandome en Schmid

Casi a fin del camino Schmid, Prisillas me alerta que debe quedarse y volver a atrás para intentar darse al encuentro con Chema y Carlos, y ocultando mi sensación de tristeza le digo a Prisi que no había problema (mucho trayecto estuvo acompañándome). Me aconseja sobre lo que me queda de camino y nos despedimos para vernos en meta.

Continúo sólo pensando en lo grande que es nuestro Prisi y no tardo en llegar a la estación de esquí de El Escaparate donde empieza la carretera de los Cogorros.
Comienzo carretera Cogorros
De repente saboreando el fin de cuesta una nueva sorpresa,¡de nuevo veo a Rafa! Madre mía cómo se desplaza este crack. Me indica que sentados en un banco están la mujer de Chema y uno de sus peques, me paro a saludar y me tomo el tiempo necesario para presentarme (aún empapado de sudor, que presentación...). Me despido y continúo por la carretera cuesta abajo con nuestro Rafa que decide acompañarme corriendo hasta el Puerto de Navacerrada. Voy charlando con él y me pone al día de la carrera además de comentarme la envidia que le da viéndome correr esta carrera y aprovecho para recordarle que él es mucho mejor corredor que yo y que estoy seguro que él es capaz de ésto y mucho mas.

Aprecio el descenso por la carretera de los Cogorros ya que al estar ya sombreada me doy cuenta que la intensidad del sol se está debilitando. Esto agradece porque el sol ha pegado hoy. A pocos metros, llegamos al Pto de Navacerrada y veo un par de carpas situadas al lado del Bar de la M-607 y cerca de la sombra de la carpa veo lo que parece otra persona conocida.... Otra alegría inunda mi espíritu, me parece ver un carrito de bebé conocido y una preciosa rubia con gafas de sol... dios, que alegría... ¡Mis chicas!
Viéndolas a lo lejos me emociono intentando que no se note (incluso creo que Rafa lo notó). Curiosamente casi todas las personas del avituallamiento aplaudían mi llegada (que emocionante), y antes de llegar a la carpa me desvío un metro para dar un besazo a mi Elena que era parte del público y también para dar varios besos a mi bebé que me pareció que oliese a jazmines frescos. Tengo que decir que las boquillas de los bidones no las tendría bien cerradas y al agacharme a dar un beso a mi Nora perdí poco de agua de los bidones (menos mal que estaba en avituallamiento). Debo que tener cuidado en cerrar bien los bidones para otras carreras porque no puedo perder agua en carrera.

Repongo líquidos, recargan bidones y como alguna naranja pero curiosamente me encuentro muy bien y no pierdo mucho tiempo. Me despido amigablemente de los del avituallamiento agradeciendo su tarea y compruebo que en la terraza del Bar están charlando la simpática mujer de Rafa (que tenía la pierna escayolada) y la “futura mujer” de Alberto que me saludan con la mano. Se acerca Rafa diciéndome, “toma una CocaCola fresquita, te la debo del MAM en Cabeza Hierro” y compruebo que está fría de verdad, doy dos tragos que me sientan de auténtico lujo pero le digo con tristeza que no puedo acabarla porque voy con el estómago bastante cerrado (seguramente por los geles y por el esfuerzo acumulado) y no consigo beber mas. Esos detalles no se olvidan Rafa, que grande eres.

Me despido de Rafa, de mi mujer y mi bebé que se quedan con las chicas hablando y marcho tranquilo pensando que se quedan en muy buena compañía.

A partir de este momento pienso que viene terreno conocido y me animo echando a correr porque ahora si empiezo a pensar que la meta está cerca, pero rápido echo a andar al emprender la subida cementada y por la Trialera del Miedo donde se me hace mas dura que nunca, pero sigo disfrutando mucho con los tonos cada vez más anaranjados de la luz del atardecer ya que esta ruta siempre la hago por la mañana.

Veo que ascienden a lo lejos dos chicos de mi edad, uno con una camiseta negra y otro con la camiseta del club Tierra Trágame. Según voy levantando la cabeza en el duro ascenso compruebo que voy acercándome cada vez más a ellos, y al pasar por el bar de la bola sigo por la senda intentando culminar en el conocido Emburriadero que tanto hemos entrenado con mis compañeros los locos del cerro. Este ascenso lo hago andando y bastante rápido, me sorprendo porque me encuentro bien y les adelanto en poco tiempo. Nos saludamos deportivamente cruzándonos algunas frases de ánimo y continúo con mi constante y larga zancada que hace que los vaya dejando atrás rápidamente.
Banderines llegando al Emburriadero.
Llego al final de la subida pasando una bonita loma marcada con pequeños banderines en el suelo me sitúo en el Emburriadero donde en invierno suele estar todo nevado. Aquí hace que recuerde a mis compañeros los locos donde tanto hemos entrenado, sobre todo de Fernan porqué sé que le gusta llegar a esta zona por tubería. Me hubiera gustado verle en ese momento, le hubiera pedido algún consejo.
Divisando las Peñas de la Barranca no pierdo mucho tiempo, caigo en los corredores que siguen mi rueda y continúo por las cintas blanqui-rojas atadas en cualquier rama que asoma del suelo indicando el camino correcto.

Empiezo el descenso comprobando que ésta cara de la montaña está totalmente sombreada, las piernas notan bastante el cambio y me concentro plenamente en la bajada enlazando por el místico camino de la Tubería donde agudizo sentidos ya que mis compañeros me recordaron en muchos entrenos que la carrera se desviaba en pleno camino de la tubería. Agradezco enormemente este consejo porque la bajada era rápida y a 300m me paso unos 4 metros el discreto desvío. Di la vuelta y me asomo garganta abajo viendo que el camino a seguir continúa bajando la garganta con un desnivel bastante pronunciado, con marcas de pintura que casi no se aprecian en el suelo y con una discreta cinta colgada en un seto camino abajo. Pienso que aquí seguramente se haya pasado más de un corredor porque está FATAL indicado.

Al dar el primer paso en la pronunciada bajada noto bruscamente que los gemelos de la pierna apoyada se suben y se me bloquea literalmente la pierna notando un fortísimo calambre, (¡¡dios que dolor!!)... intento contrarrestar apoyando la otra pierna pero me pasa exactamente lo mismo y no tengo más remedio que tirarme hacia atrás y dejarme caer por la senda de arena suelta. Resbalo unos metros abajo sin poder moverme por el intenso dolor en las piernas e intentando frenar con las manos para no irme garganta abajo. Lanzo un grito de dolor que no pude contener e intento estirar para que pase el dolor pero el mínimo movimiento hace que el dolor se intensifique brutalmente... vuelvo a gritar, me retuerzo.
En ese momento pienso que es posible que la carrera haya acabado para mi y que a pocos kms de meta y en terreno conocido es posible tenga que abandonar... Me quito rápidamente esa idea de la cabeza e intento pensar fríamente con intenso dolor, me intento relajar y decido esperar a los corredores que vienen detrás, que por suerte no tardan en aparecer y se quedan sorprendidos al verme tumbado en la cuesta bajando a ayudarme. Uno de ellos me ayuda a estirar de la punta de los pies para tensar los gemelos, y muy poco a poco parece que el dolor disminuye.
Pierden unos 5 minutos conmigo pero ningún corredor nos adelanta, y ellos deciden retomar la macha después de asegurarles sentado en el suelo que estaba bien y que seguro que me recuperaría en un rato... Les veo descender rápidamente e intento levantarme muy lentamente, comienzo a dar algún paso y bajo como una autentica vieja, pero poco a poco el dolor va disminuyendo aunque tengo que ir con cuidado porque a veces avisan los gemelos para subirse de nuevo...

Me quito las gafas de sol y las guardo en la funda para tener mayor visibilidad ya que la sombra y el sudor hacen que no pueda ver las piedras claramente. El descenso es horrible porque voy de lado para no forzar gemelos y controlando el desnivel, pero progresivamente voy recuperando algo de velocidad entre pinos sin olvidar alguna leve pausa por evitar que me suban los gemelos hasta el cogote. La llegada a la pista de la barranca se me hace interminable y sufro hasta que reconozco la senda. Pienso en algún atajo pero no estoy para “atrochar” en estos estados y sigo legalmente el camino marcado. Voy comiendo, bebiendo y compruebo que el trayecto de bajada se cruza varias veces con la pista de la barranca hasta que llego al parque de aventura “de Pino a Pino”. Me digo “he pasado el descenso más pronunciado, ahora queda llegar a meta”.

Comienzo a correr de nuevo cosa que me parece un milagro y paso al lado del embalse del ejercito del aire y seguidamente por el del Pueblo de Navacerrada.
Al llegar a la barrera que limita el acceso a la barranca me espera sonriente  y solitaria una chica de la organización que me pasa el último control chip que me anima diciéndo “vamos, que ya queda poco, estas en el último tramo”.
Esta vez no paro a charlar porque voy en modo automático e intento no descentrarme de mi trote suave que a veces interrumpo andando por el dolor en las piernas que empieza a ser constante durante éstos últimos km de carrera.
Evito la pequeña rampa que accede al parking de la Barranca y sigo paralelo por la estrecha carretera de asfalto. A partir de aquí comienzo mi trote donde casi no paro hasta llegar a meta. Muy mentalizado y con fuerzas que saco de sólo pensar en meta, enlazo por el camino descendente de gruesa arena con vistas a mi izquierda de la ladera de Majada la luna donde un terreno muy similar a la Sierra de Hoyo me hace recordar a nuestro Mikel (me hubiera gustado que estuviese en ese momento para correr con él).
En ese momento las pedregosas vistas de terreno seco no motivan demasiado mi mente y esto hace que curiosamente sufra un poco, pero desvío mi vista al suelo del camino y continúo concentrado escuchando la frecuencia de mis pasos impactando con el suelo en un trote suave pero constante.

Llego al Almorchon de arriba y continúo bajando concentrado viendo a lo lejos en un muro de piedra un corredor parecía que terminaba de vomitar... No me paré, continúe porque esta vez sabía que si me paraba me costaría horrores retomar el trote...
Llego a un cruce de caminos que nos desvía por la entrada a un camino de chalets y que normalmente suele estar cerrado. Continúo corriendo, el camino hace pequeños toboganes y cada cambio de rasante supone un cambio enorme en mi constante trote..., como sufro, pero queda menos, vamos.
Empiezo a oír en el interior de algunos chalets a un volumen bastante elevado la voz del comentarista de televisión que retransmite el partido de la Eurocopa que en ese momento se estaba disputando; España - Francia. Pienso, “me da igual el fútbol, no te descentres”, y continúo en mi burbuja concentrado en el constante esfuerzo y dosificando cada zancada.

En el momento que vi aparecer la rotonda de la M-607 de Navacerrada, pude visualizar más clara la deseada meta y mi motivación aumentó considerablemente, pienso “queda muy poco... ahora simplemente a por la meta".

El cruzar la carretera era un tanto complicado y con un poco de suerte e intuición la pasé por el camino correcto sin equivocarme y localizando la cinta que ahora sí, ya en el pueblo de Navacerrada, continuaba por la Calle de las Eras.
Sobre el asfalto de esta calle, con un leve descenso y trote constante hace que mis músculos noten cada vez mas el paso de los kilómetros, pero el simple hecho de ver gente pasear me alegra bastante. Algunos paseantes me miran con cara de “quehará éstecorriendoconundorsalconelpartidodelaselecciónemitiéndoseendirecto”, pero el orgullo que sentía en esos momentos es equiparable ni por asomo a un simple partido de fútbol.
Paso la calle Manzanares, veo a gente sentada en terrazas viendo por televisión el partido de fútbol, donde algunos me animan diciendo “!vamos chaval¡ Por cierto, ¡va ganando España!” y les contesto con una leve sonrisa.

Al llegar a la calle de las Huertas hay bastante mas gente viendo el fútbol en las terrazas alrededor de los televisiones, observo que están atendiendo a un corredor esta en el suelo y cerca de éste a Dioni dando un trago rápido a una caña que sorprendido por mi llegada me mira abriendo los ojos casi atragantándose, contestando atropelladamente y dejando la caña en una mesa grita “¡¡coño Gonchu!!, ¿necesitas algo?, ¡¡Vamos campeón que ya estás!!
¡Que alegría ver a Dioni! Continué mi trote porque si me paraba seguro que me costaría mucho volver a andar, pero Dioni se ofreció a acompañarme hasta meta dejando la caña entera en la mesa del bar.

Continuaba corriendo con mucho esfuerzo por la Avenida de Madrid con los constantes ánimos de Dioni y sin darme cuenta estaba adelantando a los dos chicos que me ayudaron a recuperar en la tubería. Al pasarles me dijeron “!pero bueno qué recuperación! ¡vamos que entramos juntos a meta!” pero iba tan concentrado en mi ritmo desde kilómetros atrás que nada me podía frenar para echar a andar de nuevo, y quizás egoístamente en ese instante continué corriendo, aún así les animé a que me siguieran “¡venga vamos!”, pero sin éxito. Ni si quiera miré atrás, mi mente sólo estaba en la meta.
Emocionado entrando a meta.
Dioni me iba explicando que ya tenía la plaza de toros cerca y que estamos al lado, me indicaba el camino y no paraba de animar. Yo veía en sus ojos orgullo por mi carrera, sentía mi esfuerzo, ese sentimiento de gran amor por este deporte que aún cuando no se está corriendo demuestra su apoyo firme a un compañero. Mil gracias Dioni.
Antes de llegar a la plaza de toros Dioni echa a correr para esperarme en meta y yo sigo corriendo llegando a la Avenida del Rosal donde emprendo la última subida y ésta no hace que me pare porque ya veo los muros del polideportivo y tengo energía aún, no me lo creo...

Rotonda a la derecha y veo una discreta entrada al polideportivo pero se hace enorme cuando veo el arco de meta en medio del campo de fútbol y piso el césped artificial. Una especie de escalofrío recorre mi espalda, levanto la cabeza y compruebo que no hay mucha gente pero hay un pequeño grupo pasada la meta, justo en medio pero no alcanzo a reconocerlos de momento...
Empiezo a pensar en todo el esfuerzo realizado en carrera, todos los entrenos en estos meses, todas las subidas, con todos los compañeros y simplemente; me emociono. Me emociono de alegría o que sé yo, algo que sólo se puede explicar sintiéndolo en tus carnes llegando a meta y seguro algunos ya lo habéis saboreado en vuestras carnes, es muy grande.
Levanto la vista y veo el arco de meta, el crono, la gente de la organización y un grupo que creo familiar esperándome después de la meta, levanto los brazos y siento que hoy soy el hombre mas feliz del mundo.... Sí, lo he conseguido.

Me pasan el control chip final, me ponen una original medalla, me felicita el chico de la organización dándome la enhorabuena y veo que el conocido grupo que me espera aplaudiendo, son un grupo muy reducido, pero siento que equivalen a 1000 personas por lo menos, ¡que felicidad!
Entre ellos estaban mis amigos Giorgio y Ceci que hacían fotos sin parar, y con cara de asombro y orgullo, ya que Giorgio además de ser un gran deportista con su chica Ceci forman una pareja de montañeros de corazón, y sé que sienten de veras mi meta. Dioni con su mujer Arantxa y su alegre hija que ya llegando a meta aplaudieron con fuerza e hicieron que me sintiese muy feliz.
Y por último mi guapa y paciente mujer que aguanta mis entrenos y todas mis locuras deportivas. Mil gracias cariño eres la mejor.
Después de dar un cariñoso beso a mi mujer, veo a mi pequeña tumbada boca arriba en el carrito con sus ojos azules claros y bastante abiertos, la doy un beso y la digo en bajito “esta carrera va por ti Nora”.
Beso en meta.
Me gustaría agradecer a este pequeño grupo que esperó mi llegada en meta porque compartisteis un inólvidable momento de mi vida ya que para mi será muy difícil olvidar. Gracias de corazón, os quiero.

Al dirigirme al avituallamiento de meta, cortan la pulsera chip de mi muñeca y bebo feliz y con ganas, como frutas y frutos secos pero el estómago sigue cerrado. Me tumbo en el césped artificial del campo de fútbol y cierro los ojos. Me podría quedar dormido pero estoy soñando despierto y simplemente disfruto del momento.
Me gustaría ver la llegada de mis compañeros Chema y Carlos, ya que sería un orgullo verles llegar a meta. Me gustaría dar un gran abrazo a Chema por acompañarme el primer tramo de carrera y felicitarle por su carrera y a Carlos por su gran reto cumplido. Con enorme lástima no pude quedarme para ver llegar a Lluvio (Alberto) ya que se hizo muy tarde y la familia necesitaba mi presencia... Felicidades Alberto, ¡eres un gran corredor!.

También sentí no ver por allí a mis compañeros de los locos del cerro en meta pero sé que se alegraron por mi objetivo cumplido.
...
Ahora sólo queda saborear de los buenos momentos e intentar aprender de los malos para que en futuras carreras hacerlo un poco mejor, pero sobre todo seguir disfrutando de lo que me gusta.
La medalla sólo será un bonito recuerdo, pero nadie podrá sentir lo que sentimos unos cuantos locos corriendo el Risco de los Pájaros hacia la elevada cima de Peñalara, descender duramente hasta la Majada de Aranguez, recorrer sombreadas rutas en Majalapeña llendo por caminos serpenteantes y repletos de helechos, pasar por el Real sitio de San Idefonso, disfrutar de los pinares de Valsaín, refrescarte en el rio Eresma, ascender por duras cuestas hasta fuentes de limpias aguas, recorrer bonitos senderos de montaña con limpios olores, descender desde tubería por la garganta hacia la Barranca, notar el calor de los amigos y después de mil sensaciones, llegar a meta pleno y emocionado sabiendo que hoy realmente he saboreado la vida.

Hoy he sentido que he disfrutado del deporte, la amistad y la montaña.

Yo seguro que repito, y espero que estés tú allí.